Agricultura ecológica
La agricultura ecológica, también llamada agricultura orgánica, cada vez se utiliza más para poder conseguir productos mucho más naturales y proteger el medio ambiente. Actualmente podrás ver en muchos supermercados y tiendas de comestibles varios productos que llevan la etiqueta de “ecológicos”, lo que significa que se han cultivado de esta manera y que son también mucho más saludables. Toma nota de todas las características de la agricultura ecológica:

– Productos fitosanitarios: No se utilizan los de síntesis como insecticidas, fungicidas, herbicidas, acaricidas, etc. Todos ellos tienen muchos inconvenientes y riesgos, como que pueden ser muy tóxicos tanto para personas como para animales. Además, si no los aplicas bien pueden estropear las plantas y aparecerán muchos insectos. Lo mejor es optar siempre por productos ecológicos y naturales, con lo que te asegurarás siempre plantas en buen estado y cero contaminación ambiental.

– Fertilizantes: Tampoco se utilizan fertilizantes químicos ya que los nitratos pueden contaminar el agua dulce. En este tipo de agricultura debes utilizar abonos orgánicos como estiércol (de vaca, ovino, cerdo o caballo). También se puede abonar con compost casero o industrial, turba o humus de lombriz. También puedes utilizar abonos minerales ecológicos que contengan fosfatos naturales, cloruro potásico, dolomita o sulfato de magnesio.

– Variedades: Se cultivan variedades adaptadas en casi todos los casos, habiendo a la venta semillas adaptadas para que los cultivos puedan ser mucho más naturales. Esto no afecta a la calidad del cultivo ni al sabor de la variedad cultivada.

– Rotación de cultivos: Son indispensables para poder mantener el suelo fértil y evitar problemas con los hongos y plagas, además de las malas hierbas. Es muy importante que rotes cultivos ya que si siempre pones lo mismo es cuando se fomenta la aparición de malas hierbas.

– Riego: Hay que hacer un uso muy eficiente del agua y no desperdiciar ni una gota. Se pueden reutilizar aguas residuales o desalar aguas marinas. Riega siempre la cantidad necesaria, evitando quedarte corto o pasarte ya que ambas cosas pueden ser perjudiciales para el cultivo. De todas formas, es mejor quedarse corto que pasarse ya que si los cultivos se encharcan se estropearán.

– Laboreo: Se tiene que labrar con la tierra en tempero (ni muy húmeda ni muy seca). Si labras con el suelo seco quedará desmenuzado o terroso, mientras que si lo haces con él muy húmedo se amasará la tierra y no quedará bien. Labra únicamente cuando sea necesario y procura que no sea muchas veces para no tocar demasiado la tierra.