Árboles amarillos en nuestro jardín
La mimosa es un árbol muy decorativo, que alegrará nuestro jardín como ningún otro, especialmente en la época de su espectacular floración. Hablaré en este post de la mimosa común (Acacia Dealbata), pero hay que tener en cuenta que existen otras mimosas como la célebre mimosa sensitiva (Mimosa Pudica), cuyas hojas se encogen al tocarlas, que no tiene nada que ver con la primera.

El árbol de la mimosa crece muy rápidamente y puede llegar a alcanzar los 12 metros de altura. Por su capacidad de crecimiento se utiliza para consolidar suelos de composición arenosa, los cuáles le gustan bastante.

La mimosa común es perenne. Soporta bien el frío moderado, incluso las heladas suaves, aunque las temperaturas por debajo de 5 grados bajo cero la perjudican. Pero el elemento más peligroso para una mimosa es el viento: sus raíces no se expanden mucho en el suelo, con lo cual la copa suele ser más ancha que la parte del árbol que está bajo tierra; esto hace que una ventada fuerte la pueda tumbar. Si por desgracia el viento ha tirado nuestra mimosa, podemos intentar enderezarla, pero advierto que será una tarea casi imposible pues seguramente se troncharán las raíces, si es que no lo han hecho ya. Para evitar este problema, es conveniente rodearla de fuertes soportes de madera o metal, bien introducidos en el terreno.

Este árbol florece de enero a marzo; en esta época las mimosas son una auténtica maravilla, pues se ven todas ellas vestidas de amarillo, cual pompón de ese color. Las flores suelen cortarse para realizar ramos; incluso podemos verlas en las floristerías.

La mimosa aguanta bien la sequía; precisamente para ella los riegos demasiado continuos pueden representar un problema, pues las raíces llegan a encharcarse y pudrirse. No es necesario podar las mimosas.

La época del año apropiada para plantar nuevas mimosas en nuestro jardín es durante el invierno, antes de que comience la época de la floración. Así se adaptarán mejor a su nuevo entorno.