Las borduras son un elemento esencial del jardín. Podemos utilizarlas para delimitar una zona o un camino, para evitar que el césped se adentre en los macizos de flores, para crear efectos de distinción, seriedad, colorido, informalidad, etc. Lo más importante a tener en cuenta es usar materiales que vayan con el entorno y estilo de nuestro jardín, para que pasen a ser unos elementos decorativos más.

Hacer una bordura con recipientes sirve para delimitar un espacio y también cumple la función de maceta o contenedor para colocar plantas y aumentar la decoración. Son pequeñas separaciones realizadas en barro o terracota que albergan en su interior unos pequeños compartimentos para acoger plantas enanas tapizantes, como sedum, echeveria, armeria, siempreviva o cerastium. No hay que regarlas demasiado, por lo que resultan las más adecuadas para enmarcar zonas enarenadas del jardín.

Podemos usar troncos cortados para ribetes redondeados o sin cortar si se trata de márgenes rectos. Siempre es necesario un tratamiento previo con el fin de que no se pudran. Los aseguramos al suelo enterrándolos parcialmente o recibiéndolos con hormigón. Son apropiados para el marco de un camino de gravilla.

El granito pesa mucho y resulta poco manejable, pero su resistencia, estética y calidad es superior a los bordillos prefabricados. Supone una gran elección si queremos delimitar un camino de mucho uso en la zona más apreciada del jardín. Podemos formar incluso distintos niveles y curvas utilizando bordillos de granito cortados. En caso de que queramos economizar y no nos importe trabajar un poco más podemos hacer nuestras borduras a base de encofrado de hormigón. Utilizamos maderas que sirvan para realizar el cajeado y vertemos el hormigón una vez realizada la forma elegida. Después de seco extraeremos las maderas. Podemos utilizar tintes y efectos de relieve para embellecer el resultado final.

Una de las borduras más clásicas es la compuesta por adoquines. Se emplean frecuentemente para delimitar extensiones de césped, rematar superficies de piedrecillas o crear cercos en torno a árboles o plantas emplazadas en una zona de gravilla. Podemos colocarlos en hileras sencillas, dobles o triples, incrustándolos en un cimiento de hormigón. La piedra rústica también da buen resultado, tanto la de rocalla como la de musgo, con un acabado irregular. Es una estupenda elección para utilizar en los caminos del jardín y en los bordes de los macizos. Utilizamos las piedras que nos hayan sobrado tras la construcción de la rocalla o compramos directamente piedras pequeñas.