Caracoles en el jardín
Caracoles, esos simpáticos animalitos que tanto nos gusta ver en ilustraciones y dibujos animados pero no resultan tan agradables cuando de la realidad de nuestro jardín se trata…

Sí, porque a diferencia de lo que a menudo se suele pensar de estos moluscos pueden resultar altamente perjudiciales para la salud de nuestras plantas y de nuestro jardín.

Aunque a priori la mayoría no lo veríamos como un peligro, los caracoles están considerados como otra más de las plagas que pueden afectar a nuestro espacio exterior y que además tiene buena capacidad para reproducirse rápidamente.

Sus nidos se forman concretamente a unos 5 o 6 centímetros de profundidad y tienen la capacidad de albergar de 80 a 160 huevos, que con un poco de humedad se desarrollarán hasta dar a luz al ejemplar en un periodo de 10 o 15 días. Una vez cada uno de ellos alcance la madurez continuará procreando creando una espiral de la que te costará deshacerte.

Los caracoles acostumbran a hibernar en los meses más fríos del año y salir a la luz durante las temporadas más cálidas con temperaturas alrededor de los 30º, por lo que puede que en este mismo instante tu jardín se encuentre en riesgo.

Pero, ¿por qué temerles de este modo? El ataque de estos moluscos supone un perjuicio para la epidermis de de hojas, flores, frutos, semillas, plántulas, ramas jóvenes y hasta de las partes subterráneas de algunos de nuestros ejemplares. Además, en los casos más graves incluso pueden provocar agujeros en los mismos o dejar un rastro de mucus (babas) que hará menguar la calidad de los productos de consumo en el caso de que tengas huerta en casa.

Aunque no resulte agradable deshacerte de ellos, cuando se convierten en una plaga y necesitas eliminarlos algunas de las soluciones más habituales son las trampas, las bandas de cobre a modo de barrera con nuestras plantas, el uso de químicos como el metaldehído o los depredadores naturales como los escarabajos, patos o gansos.