Ventajas de los fertilizantes orgánicos
Los fertilizantes orgánicos tienen ventajas y desventajas pero hoy quiero centrarme en las ventajas que presenta para que puedas darte cuenta de todo lo bueno que tienen para ti y tus plantas. Pero finalmente tendrás que ser tú quien decida cuál es el mejor método para fertilizar tu césped o tu jardín.

Hasta principios del siglo XX, el estiércol, el compost, los restos de comida y otros desechos orgánicos representaban el único medio para poder fertilizar el suelo. La forma de agricultura ecológica y la jardinería saludable no era una elección, era la única forma de vida. Algo que para muchas personas no entienden por qué ha cambiado o se producen fertilizantes químicos puesto que piensan que es la mejor forma que la naturaleza nos ayuda a fertilizar el suelo.
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Agricultura ecológica
La agricultura ecológica, también llamada agricultura orgánica, cada vez se utiliza más para poder conseguir productos mucho más naturales y proteger el medio ambiente. Actualmente podrás ver en muchos supermercados y tiendas de comestibles varios productos que llevan la etiqueta de “ecológicos”, lo que significa que se han cultivado de esta manera y que son también mucho más saludables. Toma nota de todas las características de la agricultura ecológica:

– Productos fitosanitarios: No se utilizan los de síntesis como insecticidas, fungicidas, herbicidas, acaricidas, etc. Todos ellos tienen muchos inconvenientes y riesgos, como que pueden ser muy tóxicos tanto para personas como para animales. Además, si no los aplicas bien pueden estropear las plantas y aparecerán muchos insectos. Lo mejor es optar siempre por productos ecológicos y naturales, con lo que te asegurarás siempre plantas en buen estado y cero contaminación ambiental.
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Funcionamiento de los tractores
Los tractores son vehículos especiales autopropulsados que se utilizan para empujar o arrastrar remolques, aperos o cualquier otra maquinaria o carga pesada que necesites utilizar en tu campo o jardín. Algunos están destinados a la agricultura, otros a la construcción y también al mantenimiento de espacios verdes. Tienen una gran capacidad para adherirse al terreno y con su uso se ha reducido la mano de obra empleada en el trabajo agrícola al igual que se ha hecho posible la mecanización de tareas de carga que antiguamente necesitaban del esfuerzo de animales como bueyes, asnos o mulas. Los tractores se dividen en varias partes:

– Chasis: es la parte del vehículo que sujeta los componentes mecánicos, la suspensión de las ruedas y el grupo motopropulsor.

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Tomates para todo el año
Cuando llega la temporada de la recolección de los tomates es posible que no podamos consumirlos todos. Ya se sabe: la cosecha suele llegar toda a la vez. Para poder aprovechar los tomates sobrantes no hay nada mejor que hacer conserva de ellos, con lo cual podremos comer tomates de nuestro huerto durante todo el año.

Cogeremos tomates maduros para realizar la conserva. Bueno, en realidad el tomate siempre ha de consumirse maduro, pues cuando está verde posee sustancias tóxicas. Dicho esto, y prosiguiendo con la elaboración de la conserva, lavaremos bien los tomates y los sumergiremos en una olla con agua hirviendo. En pocos minutos, de dos a cinco, dependiendo del tipo de tomate, la piel se resquebrajará, con lo cual se irán retirando los tomates del agua. Los dejaremos enfriar un poco y los pelaremos. Como los hemos escaldado, se pelarán muy fácilmente: tan sólo hay que estirar un poco de la piel y ésta saldrá sola.

Mientras tanto, tendremos preparados potes de cristal ya esterilizados. Los potes se esterilizan lavándolos con jabón, aclarándolos e hirviéndolos en agua durante unos veinte minutos; las tapas también se hierven.

Colocaremos los tomates bien apretados en los potes de cristal y espolvorearemos una cucharadita de sal por encima de ellos. Los cerraremos y los sumergiremos de pie en una olla con agua tibia, de modo que queden cubiertos más o menos en sus dos terceras partes. Se pone la olla al fuego y cuando empiece a hervir el agua, contaremos unos cuarenta minutos (a fuego lento), pasados los cuales ya se puede apagar el fuego y retirar los potes con cuidado.

Hay quien prepara una salmuera, mezclando 15 gramos de sal por cada litro de agua y la vierte encima de los tomates cuando ya están en los potes, antes de ponerlos a hervir. Se cierran entonces los potes y se hierven al baño maría, como ya se ha dicho antes.

John Seymour, gran agricultor autosuficiente
Pocas personas han influido tanto en la concepción de la agricultura y de la vida en el campo como John Seymour. Este pionero de la ecología y de la concepción autosuficiente de la vida en el medio rural nació en 1912 en Londres, pero su familia se mudó cuando él era muy pequeño a una población rodeada de campos de cultivo, lo cual influyó notablemente en el desarrollo posterior de su filosofía de vida.

Estudió ciencias agrarias en el Wye College, adscrito a la Universidad de Londres. Su espíritu aventurero le llevó a viajar por todo el mundo. En Sudáfrica fue encargado de una granja de ovejas y marinero, en Zambia trabajó en las minas de cobre… incluso pasó una larga temporada con los bosquimanos, lo cual le hizo descubrir los secretos de esta tribu de cazadores-recolectores.

Luchó en la Segunda Guerra Mundial, en Etiopía, Ceilán y Birmania y al finalizar el conflicto bélico volvió a Gran Bretaña, pero su espíritu inquieto le llevó de nuevo a viajar, esta vez a la India, donde trabajó en granjas autosuficientes.

Se casó en 1954 con Sally, una ceramista, con quien siguió viajando. Pero cuando tuvieron a su primera hija decidieron que era hora de asentarse. Alquilaron una casa de campo con 2 hectáreas en Suffolk, donde pusieron en práctica sus ideas sobre la vida autosuficiente basada en la agricultura, la ganadería y los oficios tradicionales. Posteriormente se mudaron a otra granja cerca de Newport.

Realmente, John Seymour vivía de manera prácticamente autosuficiente. En sus libros nos enseña cómo llevar a cabo cualquier tarea relacionada con la agricultura y la ganadería, desde el desbroce de un terreno, hasta el calendario de plantación de las hortalizas, pasando por la cría y ordeño de vacas, el techado de construcciones con paja, el aprovechamiento de la energía del agua… Además, su lenguaje es increíblemente cercano y ameno.

Creo que la mayoría de los amantes de los amantes de la naturaleza y la agricultura tenemos algún libro suyo; si todavía no habéis leído sus obras, os recomiendo encarecidamente que lo hagáis, sobretodo “La vida en el campo” (The complete book of self-sufficiency”) y “El horticultor autosuficiente”; ambos cuentan con un contenido buenísimo y unas ilustraciones magníficas. Sus libros pueden encontrarse en las bibliotecas públicas, si no queréis comprarlos. Pero creo que si compráis un libro de Seymour no os arrepentiréis. Yo misma, cuando tengo que realizar alguna labor en el campo, siempre hago caso de sus consejos.

La deliciosa lechuga
Estamos metidos de lleno en la primavera, y ésta es la época en la que hemos de preparar el huerto para poder recoger la cosecha en verano. Ya es hora de empezar a sembrar y plantar una gran cantidad de especies. Una de ellas es la lechuga.

A estas alturas ya habremos sembrado el semillero con las semillas de lechuga; si no lo hemos hecho, todavía estamos a tiempo. Hay que tener en cuenta que si vivimos en un clima moderadamente frío, como puede ser en la montaña, por ejemplo, habrá que proteger adecuadamente el semillero; no es probable que hiele a estas alturas, pero una protección (un simple plástico valdrá) bien puesta por la noche ayudará a las pequeñas plantitas.

Si preferimos tener una cosecha temprana, en los mercados semanales de los pueblos y en algunos viveros ya tenemos disponibles planteles de lechuga (también de muchas otras verduras). Personalmente, prefiero comprar las plantas de plantel a sembrarlas: no son nada caras, y la plantita no sufre apenas al colocarla en su emplazamiento definitivo en el huerto, pues la tierra que recubre las raíces difícilmente se desprenderá de ellas: viene muy prensada.

Y puestos a expresar más preferencias, os diré que las lechugas que me parecen más fáciles de cultivar son la lechuga romana y la lechuga de Albacete. Tienen unas hojas más oscuras que la lechuga normal, y su sabor es más fuerte; por ello no gustan a todo el mundo, pero a mí me encantan. El secreto para que no sepa tan fuerte es recolectarla cuando aún es joven y sus hojas no se han oscurecido mucho. También siempre nos queda el recurso de atarla por el centro o por su parte superior, para que el interior quede clarito y tierno por no recibir los rayos del sol, aunque con esta lechuga eso no es imprescindible, sino cuestión de gustos. Sus grandes ventajas son que no tienen apenas problemas de plagas y que aguanta muy bien la sequía. Por si fuera poco, el American Institute for Cancer Research incluye la lechuga romana entre los alimentos anticancerígenos.

Desinfección del suelo con la solarización
Un suelo fatigado aparece cuando es cultivado reiteradamente, esto aumenta las probabilidades de aparición de los hongos que viven en el suelo, la mayoría son gusanitos muy pequeños que parasitan las raíces o de malas hierbas. Por ese motivo, es recomendable desinfectar completamente el suelo cada tres o cuatro años. La agricultura tradicional emplea el laboreo y en el uso de estiércol para restituir los nutrientes básicos que se extraen por las cosechas. Además, se comenzaron a utilizar técnicas como la rotación de cultivos o el barbecho, para poder evitar enfermedades y plagas. Un cultivo repetido en el tiempo produce un desgaste que no beneficia a la tierra.

La desinfección del suelo se realizaba con fumigantes como el Bromuro de Metilo, pero ya no se puede utilizar por su poder contaminante. Ahora existe un método ecológico para desinfectar el suelo que se denomina solarización, que ofrece una gran eficacia y es muy recomendado por la agricultura ecológica. Permite desinfectar el suelo antes de sembrar o de plantar en la parcela.

El efecto de la solarización mata a los hongos impidiendo que parasiten las raíces del cultivo. También afecta a los el Fusarium, Verticillium, Rhizoctonia, Pythium y Nematodos, unas larvas microscópicas que se alimentan de las raíces de las plantas. La solarización también combate con efectividad los gusanos y otros insectos que viven en el suelo. Controla bien las hierbas molestas y acaba con las bacterias perjudiciales y aumenta la población de otras beneficiosas.

La solarización conlleva una elevación del rendimiento posterior del cultivo, ya que éste crece con más vigor, altura, y produce más flores y frutos. Además, hay un aumento temporal de más nutrientes minerales disueltos y de materia orgánica soluble. Siempre hay que realizar la solarización en verano (julio y agosto), que es cuando hace más calor. Aunque si mejoras la solarización con estiércol o fumigantes, puede llegar a ser eficaz desde mayo hasta octubre.

Para realizar una solarización correcta debemos labrar con un motocultor con el fin de retirar los restos vegetales y las piedras gruesas que puedan salir. Seguidamente debemos regarlo abundantemente hasta que cale bien a una profundidad de unos cuarenta centímetros. Después se cubre el suelo con un plástico transparente fino de polietileno de entre 100 y 200 galgas de espesor.

Esta lámina plástica debe quedar tensa y son los bordes perfectamente enterrados en la tierra para que no se escape el calor. En general se considera necesario dejarlo así algo más de un mes como mínimo. Si la calor no es muy intensa, habrá que dejarlo más tiempo como unas seis o siete semanas. Es importante saber que esta técnica puede aplicarse tanto al aire libre como en el interior de un invernadero.

Después de su aplicación, las plagas y enfermedades no estarán presentes en el cultivo siguiente, pero para que sea eficaz durante más tiempo, tendrás que repetir la operación cada varios años. Es un método eficaz, sencillo, y lo más importante es que no contamina. La desinfección no es tan fuerte como las fumigaciones químicas, pero es una alternativa buena y ecológica.

Los macronutrientes
Las plantas requieren para prosperar nutrirse de gran cantidad de elementos, aunque en pequeñas proporciones. Los elementos que necesitan en cantidades importantes son los llamados macronutrientes: nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio y azufre.
Pero también necesitan micronutrientes, aunque en cantidades muy pequeñas: hierro, zinc, manganeso, cobre, boro, molibdeno y cloro.

Si queremos tener un jardín no es necesario, pero si vamos a dedicar el terreno a la agricultura es conveniente llevar a analizar la tierra que queramos cultivar para así saber qué nutrientes contiene y de cuáles carece. Con este análisis también averiguaremos otros datos no menos importantes como la composición del suelo a nivel de partículas (arenoso, arcilloso…) o su pH.

Veamos los macronutrientes más importantes:
— Nitrógeno – suele fijarse a la tierra a partir de la atmósfera por la acción de las bacterias. Pero como las plantas lo consumen en gran cantidad, es conveniente abonar con estiércol con periodicidad.
— Fósforo – si en el análisis se ha detectado su carencia, o vemos que las hojas nuevas adoptan un tono púrpura que se va tornando amarillento, será necesario añadirlo al terreno. La mejor forma es mediante el polvo de fosfato, que libera lentamente el fósforo y por ello dura mucho. Existe también el llamado superfosfato, que es fosfato mineral disuelto en ácido sulfúrico; tiene una acción muy rápida pero el ácido que contiene es tóxico y puede dañar a los microorganismos del suelo.
— Calcio – En suelos alcalinos o calizos no falta este nutriente, pero sí en los suelos ácidos. Si se trata de un jardín en el que plantaremos acidófilas no será necesaria ninguna medida correctiva. En el caso de que el terreno sea agrícola, pueden añadirse terrones de caliza o también caliza pulverizada. No es aconsejable usar cal viva, puesto que daña a los microorganismos y a las plantas.

Un abono a base de buen estiércol, es decir por ejemplo de ovejas que pastan en libertad (y no abono de granja) nos aportará los macronutrientes necesarios; puede que también “aporte” alguna que otra semilla de mala hierba, pero vale la pena.