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Árboles

troncos madera pino Características de la madera de pino
La madera de pino es de las más utilizadas en trabajos de carpintería por lo que tiene múltiples aplicaciones. Se suele empelar para fabricar muebles, estructuras para interior o exterior, tablones y chapas decorativa. En función de la procedencia, se distinguen diversas variedades de pino. El pino silvestre es frecuente en tablas y tablones, el pino radiata para madera larga y corta, y el pino gallego para encofrado.

Al ser una madera blanda, el mobiliario o suelos de este material se consideran poco resistentes. Sin embargo, este material natural es imprescindible en estructuras o colocarse bajo el parqué (rastreles). La madera es un material que se expande y contrae según las condiciones de temperatura y humedad. Por eso existe el riesgo de que se rompa.

También hay que tener en cuenta que uno de los defectos más comunes en estas maderas son los nudos, principales responsables de que la madera se agriete o se deforme, por lo que en ocasiones puede ser aconsejable eliminarlos y unir varios trozos que no tengan estas formaciones.

Por otro lado, tienen mayor sensibilidad a los hongos y a otros insectos xilófagos. Para solucionar este problema se requieren tratamientos que resultan efectivos y permiten su uso en ambientes de exterior. No obstante, no se recomienda usar madera de pino si va a estar expuesto de manera continua y directa a la intemperie, antes debería tratarse con un producto protector.

bonsai 21 Las plagas de los bonsáis
Las plagas más frecuentes en los bonsáis son éstas:

Hormigas: Si las vemos pululando por el tronco y las ramas de nuestro bonsái, es posible que hayan hecho un hormiguero en la tierra del árbol. Podéis utilizar insecticida especial para hormigas, aunque hay quien recomienda un método casero: sumergir todo el árbol en un cubo de agua al que se le habrá añadido una cucharada de detergente lavavajillas. Se deja durante treinta minutos y después se escurre. Si las hormigas habían hecho un nido en las raíces, tanto éste como ellas mismas habrán desaparecido. No he probado nunca este método, pero de hacerlo, aclararía cuidadosamente el bonsái después de sacarlo del agua con lavavajillas.

Araña roja: Son ácaros muy pequeños de color rojo y amarillo. Chupan la savia para alimentarse, debilitando así a la planta. Pueden verse en las plantas afectadas finas telarañas, símbolo de su presencia. Otro síntoma apreciable es ver bastantes hojas secas. Para evitar esta plaga, se puede elevar el grado de humedad en la zona del bonsái, colocando un humidificador o pulverizando las hojas. Idéntica solución se aplicará cuando el árbol ya haya sido atacado y además se usará un acaricida específico.

Cochinillas: Las hay de varios tipos desde blancas y blandas hasta marrones y de caparazón duro. Se alimentan de la savia, con lo cual debilitan la planta. Son difíciles de erradicar con insecticidas convencionales, debido a su caparazón. Si no hay muchas, se pueden eliminar a mano con un algodón empapado en alcohol. Si el ataque es grave, habrá que recurrir al uso de un insecticida específico para cochinillas.

Orugas: El peligro de las orugas es la velocidad a la que se comen las plantas. Por suerte son fáciles de eliminar: a mano se pueden capturar la mayoría de ellas; el resto morirá con un insecticida especial para ellas.

bonsai2002 El riego de los bonsáis
El riego es muy importante para todas las plantas, pero más para los bonsáis, puesto que viven en macetas pequeñas, con poca tierra, y eso hace que esta tierra se seque antes. La frecuencia del riego depende de muchos factores, especialmente del estado de crecimiento de la planta, y del clima.

La norma general es que hay que regar el bonsái cuando la superficie de la tierra empieza a secarse.

En invierno, los bonsáis que viven al aire libre necesitarán poca agua, aparte de la que reciben en forma de lluvia, ya que el invierno es una época de descanso. Hay que ir con cuidado de no regar mucho, para que no se pudran las raíces. Los árboles de interior requieren cierto control, ya que la humedad de la tierra se evapora, debido a factores como la calefacción, que reseca mucho el ambiente.

La primavera es una época peligrosa. Los pequeños árboles comienzan a despertar y empieza la época de crecimiento de las hojas y de los vástagos. Por ello, las necesidades de agua del bonsái aumentan considerablemente. Hay que regar los bonsáis en cuanto han consumido la mayor parte (no la totalidad) del agua que tienen en el recipiente.

Al llegar el verano, el calor hace que se tenga que regar el bonsái mucho: una vez al día. El riego se realizará al atardecer, para que las gotas de agua no actúen como lupa en las hojas de los árboles y las quemen. Hay quien también riega muy de mañana en verano, pues piensa que el agua se secará antes de que apriete el sol, pero yo prefiero no arriesgarme. De todas formas, si el bonsái está a pleno sol es conveniente regarlo dos veces al día, con lo que las horas mejores serán al amanecer y al anochecer. Los bonsáis de interior también necesitan más agua, pero no se puede generalizar y decir que se han de regar cada día, puesto que en algunas casas hay aire acondicionado y ello altera las condiciones naturales de temperatura y humedad; por ello el control será mayor: hay que mirar cómo está la tierra cada día.

En otoño, los árboles caducos pierden sus hojas; los perennes las mantienen, pero en ambos casos su actividad se torna más lenta, ya que empiezan a prepararse para el descanso del invierno. Por ello, y porque las temperaturas descienden, ya no necesitan tanta agua.

mermelada Mermeladas: aprovechando la fruta de la huerta
En ocasiones, nuestros árboles frutales producen en tal cantidad que es imposible comer toda la fruta. Algunos frutos pueden almacenarse durante un tiempo, pero otros se estropean enseguida. Una buena manera de conservar nuestra fruta es hacer mermelada. Además, con la mermelada podemos aprovechar aquellas frutas que se han estropeado por una helada, o por picadas de pájaro… También podemos hacer mermelada con frutos silvestres, como las moras.

Se lava bien la fruta y, si tiene la piel muy dura, se pela. De todas formas, en la mermelada de naranja hay que cortar algunos trocitos muy pequeños de la piel y reservarlos para añadirlos a la fruta.

Se cortan los frutos en pedacitos o rodajas bastante pequeños (por ejemplo, daditos de un centímetro de lado); cuanto más pequeños sean, menos tardaremos en tener la mermelada lista. Ponemos la fruta en una olla y añadimos azúcar; la proporción puede variar: normalmente se pone la misma cantidad de fruta que de azúcar, pero yo he probado a hacerla con la mitad de azúcar que de fruta y se ha conservado igual de bien, aunque queda menos dulce, claro está.

Si la fruta que tenemos es muy acuosa, como por ejemplo las moras, va bien añadirle un poco de manzana (una parte de manzana por cada cuatro de la otra fruta ya irá bien). La manzana, al contener pectina, hace que la mermelada no nos quede líquida en exceso.

Se pone la olla con la mezcla a fuego muy muy lento y se va removiendo con bastante regularidad. La fruta se irá deshaciendo poco a poco hasta adquirir la textura de mermelada; tarda bastante, unas dos o tres horas. Pero siempre puede hacerse un poquito de trampa y pasar la batidora (sólo un momentito) cuando la mezcla ya lleve un rato cociendo. Nunca se tapa la olla, para que el agua de la fruta se evapore.

Envasaremos en tarros de cristal esterilizados (por ejemplo habiéndolos hervido durante diez minutos), los cuales cerraremos y coceremos al baño maría durante una media hora. Los sacaremos con cuidado, colocándolos sobre un trapo. Al cabo de un rato oiremos como hacen un “plop”; es la señal de que el vacío se ha efectuado correctamente.

trasplante3 El trasplante de los bonsáis
Tarde o temprano, todas las plantas que crecen en maceta han de ser trasplantadas y los bonsáis no son ninguna excepción.

Los motivos para trasplantar son varios:

- Al estar la planta viviendo en una cantidad reducida de tierra, agota los nutrientes de ésta. Esto se puede ir solucionando a base de abonos, pero a veces esta solución no basta, puesto que la composición del suelo puede cambiar: por ejemplo, se vuelve alcalina debido a que regamos con agua calcárea.
- Las raíces se desarrollan demasiado y se amontonan en la poca tierra de la maceta, lo cual dificulta la absorción de nutrientes (o también puede ser ésa la causa del crecimiento de las raíces). Pueden crecer tanto que desplacen el árbol hacia arriba, o bien salir por la parte inferior de la maceta.
Uno de los primeros síntomas de que esto está pasando es que el agua se encharca cuando regamos y tarda en ser absorbida por las raíces.

Cuanto más joven es el árbol, más crece y por lo tanto se ha de cambiar la maceta antes. Así, a modo de orientación, un árbol perenne joven se trasplanta cada 2 años; una conífera vieja cada 6.

Si contamos con un invernadero, se puede trasplantar el bonsái durante todo el invierno. Lo que importa es que el árbol no sufra frío, porque las cicatrices que se ocasionan si hay que podar las raíces tardarán más en sanar. La mejor época es la primavera.

Pasos para el trasplante:

- Sacar el árbol de la maceta, agarrándolo por el tronco y golpeando el tiesto hacia abajo.

- Preparar la maceta, quitando la tierra y limpiándola a conciencia si vamos a aprovechar la de antes.

- Esparcir en el fondo una capa de arena gruesa, para drenar el agua.

- Quitar unos dos tercios de la tierra del cepellón, dejando una poca alrededor de las raíces para que no sufran mucho. Recortar las raíces en una tercera parte.

- Poner un poco de tierra en el fondo de la maceta y colocar el bonsái. Si éste tiene gran volumen y el tiesto es muy poco profundo, será indispensable amarrar la planta, pasando las dos extremidades de un alambre de cobre por el agujero de drenaje y fijando con ellas el cepellón.

- Agregar tierra nueva alrededor del cepellón y prensarla un poco, para que quede firme.

- Regar el bonsái abundantemente.

BonsaiStan Los bonsais: Introducción y poda
Los bonsais son árboles de especies corrientes, pero cultivados en una maceta. Se piensa que el cultivo de los bonsais nació en Japón por la etimología de la palabra (en japonés “bon” significa maceta y “sai” árbol), pero fue en China donde su cultivo alcanzó una popularidad enorme entre los grandes señores.

Los orígenes del bonsai se pierden en el tiempo, aunque dicen algunas leyendas que su cultivo se inició en China hace más de mil años, promovido por el taoísmo. Los taoístas piensan que todo ser tiene su chi o energía interna; así, las montañas, los árboles y las piedras tienen su energía. Parece ser que pensaban que los ejemplares diminutos poseían chi en su forma más concentrada. Se dice que también creían que una forma retorcida y nudosa representaba los cuerpos de los que habitaban el mundo de los espíritus, en el cual habrían alcanzado una edad avanzada. Pero como dije, todo esto son leyendas.

Para controlar el bonsai y darle la forma deseada hay que podarlo regularmente. Si hemos empezado recientemente a cultivar bonsais seguro que la poda nos impone mucho respeto, pues pensaremos que vamos a provocar en el arbolito un daño irreparable o incluso dañarlo. Pero no pasa nada: la poda es esencial para que el bonsai crezca fuerte y adopte formas maravillosas.

Los arbolitos irán creciendo y hay que controlarles. Es en primavera cuando suelen aparecer vástagos en las puntitas de las ramas y en las yemas situadas a los lados de estas.

Para conservar el tamaño del árbol, hay que eliminar los vástagos cuando se alargan, dejando apenas una o dos hojas en la base. Sin embargo, para estimular el crecimiento en una sola dirección, se debe cortar el vástago justo por encima de una hoja que crezca en el sentido que se desea el crecimiento futuro. Un nuevo vástago crecerá a partir de la yema latente situada en la base de la hoja en la dirección requerida.

La mayor parte de estos cortes, que se realizan durante la época de crecimiento, se pueden hacer con el índice y el pulgar, aunque a veces es necesario el uso de podadoras (las hay especiales para bonsais).

340pxthaum La procesionaria del pino
Si tenemos pinos en nuestro jardín, normalmente no sufrirán problemas, ya que son árboles fuertes y resistentes. Pero hay algo contra lo que difícilmente pueden luchar: la procesionaria del pino.

Este insecto es un lepidóptero propio de zonas mediterráneas y está extendido por toda la península ibérica. Las mariposas en sí no ocasionan ningún perjuicio, pero en verano se aparean y las hembras ponen sus huevos en las hojas de los pinos (aunque también en las de los cedros y los abetos). Al cabo de un mes aproximadamente nacen las orugas; cuando son pequeñas todavía no soportan el frío y para combatirlo construyen nidos de seda en forma de bolsa, muy característicos, dentro de los cuáles se refugian para pasar el invierno. Pero eso no quiere decir que sean inofensivas: las orugas salen periódicamente de sus bolsas para comer, alimentándose de las agujas de los pinos y después vuelven a su bolsa; así van madurando y mientras tanto va pasando la época de frío… pero también van destrozando los pinos.

Así, cuando llega la primavera, las orugas ya han alcanzado su estado de madurez y salen definitivamente de las bolsas: descienden en fila hasta el suelo, por donde se desplazan siguiendo “en procesión” hasta que encuentran un lugar apropiado para enterrarse, en los claros del monte, donde calienta el sol. Se entierran a unos diez-quince centímetros y entran en fase de crisálida dentro de un capullo, del cual surgirán en verano convertidas en mariposas, se aparearán y comenzará de nuevo el ciclo.

Las plagas graves de procesionaria pueden acabar con un bosque entero de pinos. Por ello, siempre será conveniente dejar que sean los profesionales quienes luchen contra ellas: primero, por lo peligrosa que puede ser una plaga y segundo, por lo fuertes que son los insecticidas que se utilizan.

De todas formas, podemos colaborar teniendo en nuestro jardín enemigos naturales de la procesionaria: carboneros y herrerillos, dos aves insectívoras especialmente voraces con estas orugas. Si colocamos casitas para pájaros y alimento en el jardín, pueden vivir e incluso criar en el jardín. Algunas administraciones públicas adoptan esta medida en los pinares. Las abubillas, urracas y cuervos también comen orugas de procesionaria.