Cuidados

florconsol Intensidad lumínica en las plantas
Las plantas necesitan luz para vivir, es algo imprescindible. Los vegetales aprovechan los rayos solares para elaborar las sustancias nutritivas que les permiten desarrollarse. Si permanecen por mucho tiempo en una zona de sombra, sufren y frenan su crecimiento. La intensidad lumínica que necesitan puede ser diversa en función de la especie. El ejemplar sólo se beneficia de la luz natural cuando se sitúa en un radio de un metro alrededor de la ventana. La orientación de la estancia es otro aspecto que condiciona la cantidad de rayos solares que reciben las plantas.

Las plantas de interior que tienen hojas verdes necesitan menos luz que las plantas con flor o con follaje espeso. Por otro lado, el color del tejido vegetal también es un indicativo de las necesidades de luminosidad. Cuanto más claro y fino, mayor es su sensibilidad hacia las quemaduras y, por tanto menos luz necesita. En cambio, si el tejido es carnoso y grueso, es posible exponerlo a plena luz del sol sin problemas.

Mientras que la posición de las plantas en la habitación también es fundamental. Cuando la luz atraviesa las ventanas provoca un efecto de refracción que reduce el ángulo de incidencia de los rayos solares. Como resultado, pierde potencia y su intensidad decrece a medida que penetra en la estancia. La pérdida de luz es proporcional al cuadrado de la distancia que hay entre la planta y la propia ventana.

El vegetal que se sitúa en un radio de un metro se beneficia de la máxima intensidad lumínica, pero si lo colocamos a dos metros, absorbe cuatro veces menos y a tres metros, la cantidad de luz que toma es hasta nueve veces menor. También hay que tener en cuenta que una planta no recibe la misma intensidad lumínica en una habitación orientada al norte que en otra orientada hacia el sur.

jardin abandonado Recuperar el jardín descuidado
El jardín se va descuidado con el paso del tiempo, pero es hora de ponerlo a punto, de que vuelva a tener vida, dale un aire distinto renovándolo para que vuelva a recuperar las formas perdidas. No necesitas grandes cosas, solo es cuestión de pequeños matices, piensa que un jardín abandonado se puede convertir en un peligro y da una mala imagen a la casa. Puedes comenzar por cambiar algún rincón que se vea aburrido o que presente un aspecto deteriorado. Otra recomendación mucho más importante es eliminar las malas hierbas, retirar el exceso de ramas secas de los árboles, o realizar una poda en los setos que lo necesiten.

Como podrás comprobar existe una la larga lista de tareas necesarias para que un jardín recobre su esplendor: lo primero e imprescindible es eliminar los hierbajos que se pueden quitar arrancándolos de raíz y añadiendo herbicida al terreno para que vuelvan a brotar. Luego también deberás mantener el suelo en buen estado, para ello puedes airearlo con un rastrillo y añadiendo una capa de mantillo o de tierra fértil, después comprueba que el drenaje sea correcto para que no se encharque el terreno cada vez que se riega o llueva.

Respecto a los arbustos, habrá que hacer una poda a conciencia, especialmente si han crecido demasiado, es importante controlar el tamaño para no restar lucidez al jardín y no molestar a los vecinos. Si es demasiado trabajo puedes empezar por uno de los lados para que se renueve entero y al año siguiente realizar la misma operación al otro costado. Este tipo de especies les va de maravilla las podas y rebrotan en pocos años con mucha energía. Para otras especies que no sean setos, puede que sea más recomendable eliminarlas del todo si están en muy mal estado y posteriormente plantar otras nuevas para que vayan creciendo sanas.

En cuanto a las plantas vivaces también se recomienda desechar las que estén envejecidas, ya que si no van a florecer no tiene mucho sentido que sigan estando allí. Controla el problema del excesivo crecimiento, básicamente para evitar que no invada el jardín y en reine el desorden. Rejuvenecer las plantas consiste en extraerlas del suelo para retirar las matas en mal estado y volver a plantar las que todavía estén sanas y puedan seguir dando flores, a la vez que te permitirá sembrar aromas agradables y mostrar un claro síntoma de limpieza.

Por otro lado, mantener el césped bajo es sin duda una de las cosas más importantes para lucir un jardín cuidado. Las praderas cuadradas o rectangulares se pueden reformar con trasplantes de otras áreas y añadirlos a la pradera o colocar parches de césped nuevo. Puedes aprovechar la ocasión para hacer un camino que dirija a la pueda de entrada de la casa, para ello intercala elementos como piedras en forma de baldosa y coloca jardineras a los lados.

Finalmente, si las estructuras que separan el jardín se encuentran desgastadas o su deterioro es visible, lo mejor es verlas a pintar, en el caso de que sean muros de madera es recomendable lijarlo primero y darle una buena capa de barniz, para que queden como nuevas. Si son de metal no olvides aplicar algún producto antioxidante.

evitar daños heladas Evitar los daños de las heladas

Las heladas son un gran peligro para la jardinería, ya que tienen consecuencias muy serias. Una bajada de la temperatura, en especial en las noches de primavera, cuando ya se han producido desarrollos nuevos, puede afectar incluso a plantas resistentes y acabar con ellas. Las heladas suelen acontecer en noches claras y tranquilas, cuando el aire frío se acumula encima del nivel del suelo. Entre otoño y la primavera es el momento de máximo riesgo. Una planta helada resulta casi imposible de recuperar, por lo que es necesario la prevención.

Para que las plantas sufran lo menos posible a causa del tiempo, lo aconsejable es cultivar especies adecuadas y resistentes al clima. Las plantas propias de regiones cálidas son más propensas a helarse, como la buganvilla. Árboles, arbustos y trepadoras cuyos tejidos leñosos no han madurado bien, corren riesgo de sufrir las consecuencias de las heladas, así como las plantas de macizos no resistentes como dalias o crisantemos. Los frutales como manzanos o perales son muy sensibles, al igual que la mayoría de cultivos del huerto como la vida, las fresas y las patatas. En cambio, algunas plantas como el acebo, el agracejo, la col ornamental, el espino de fuego, la parra virgen o la hiedra aguantan temperaturas bajo cero.

Para proteger el cuello de las plantas, lo mejor es amontonar tierra alrededor de su base, es lo que se conoce como recalzo. Los rosales y muchas hortalizas se benefician de esta técnica. El acolchado es otra opción. Extender una capa de 5-10 centímetros de grosos alrededor de los ejemplares, con hojas, cortezas, acículas de pino… impide que las heladas alcancen las raíces.

Las heladas son tan nefastas para el jardín que en poco tiempo pueden acabar con muchas plantas. Cubren el terreno como si fuera un manto cristalino y no se derrite hasta muy avanzado el día. Esta persistencia provoca consecuencias fatales para casi todos los ejemplares, especialmente los situados en lugares sombríos. Incluso, hay ocasiones en que no se retira hasta pasados unos días, tiempo más que suficiente para que se quemen por completo las hojas. La solución consiste en elegir especies duras para estos enclaves y si dura muchos días poner en marcha a mediodía el sistema de riego para derretirla.

Los síntomas de una planta afectada por una helada los podemos apreciar en las hojas, tallos y flores. Los jugos vegetales de las plantas se congelan, lo que produce desgarros que se traducen en zonas necróticas. Aparecen manchas marrones o decoloraciones en los pétalos. La planta raramente se recupera, acaba muriéndose.

consejos para cultivo bulbos Consejos para el cultivo de bulbos

Casi todas las bulbosas de floración de finales de invierno y primavera pueden permanecer muchos años en nuestro jardín sin moverlas del suelo. Cuando las especies bulbosas, rizomatosas y tuberosas hayan dejado de dar flores, sólo hay que quitarlas y dejar de lado cualquier cuidado que, por otra parte, también habrán sido mínimos durante su periodo de actividad. Cortaremos tulipanes, narcisos, erantios o galantus a ras de suelo y utilizamos esa superficie con toda normalidad para el pisoteo, la siega, etc.

El corte de las bulbosas naturalizadas cuando se pasan sus flores debe hacerse en dos etapas. En la primera, quitamos las flores marchitas hasta el cogollo o punto de inserción, dejando el follaje. Dos semanas más tarde, eliminamos también las hojas, que se encontrarán casi secas. Habrán almacenado sustancias de reserva en los bulbos para el año siguiente. A excepción de lirios y narcisos, las flores de las bulbosas se resienten con el paso de los años. Las mejores se conseguirán con la primera generación de plantas.

La permanencia en el suelo, o naturalizanción de los narcisos (Narcissus hybridus) da ciento por uno en tan solo un par de años. Sus bulbos forman cada temporada gran cantidad de bulbillos alrededor que terminan en grandes grupos de brotes vigorosos. Florecen en primavera en manchas de color muy vistosas puestos al sol o en sombra tenue. Los jacintos, en cambio, son las bulbosas más delicadas para su cultivo en exteriores. Se trata de la especie más fragante y estética, pero su exigencia en cuanto a ser plantado con un tercio del bulbo al aire hace que no resista el pisoteo. Por lo tanto, en caso de querer trasladar su cultivo al exterior lo haremos en parterres elevados, macetones o jardineras.

La decisión de dejar o extraer los bulbos del terreno depende de la utilización que queramos dar en verano a esa zona. Si hemos pensado instalar ahí macizos de plantas de flor de temporada es mejor retirar los bulbos ya que nos impedirían efectuar las labores de cavado, abono y otras. En caso contrario es mejor dejar los bulbos en el terreno. Podemos marcar los macizos de bulbosas de inverno para que en verano los destruyamos sin querer. Lo haremos con tablillas, etiquetas o dibujando un croquis. La mejor solución, no obstante, es cultivar una pradera de siega esporádica, como dichondra o grama enana. Permitirá que emerjan las flores en la época que no existe mantenimiento del césped.

jardin para el frio Un jardín para el frío

El clima es una cuestión a tener en cuenta al planificar un jardín. Las horas de sol que recibe, las temperaturas, la frecuencia de las heladas y otras variables similares influyen en gran medida en las plantas cultivadas. Antes de proceder a la plantación hay que tomar nota de la orientación del jardín, de las zonas más soleadas y de las sombreadas, de las que están expuestas a vientos fríos, etc. Aunque en general la mayoría de plantas vive mejor con una temperatura media, hay algunas que soportan el frío.

En las zonas muy frías hay que elegir materiales a prueba de heladas para construir los caminos, escaleras y otras áreas pavimentadas del jardín, para evitar así que se produzcan resbalones. La madera resulta adecuada, siempre que el clima nos sea muy húmedo y que sea tratada todos los años contra la podredumbre. Los adoquines de granito o pavés y los ladrillos permiten formar decorativos senderos y son buenos antideslizantes. Menos rígidos, pero muy adecuados para las zonas con heladas, son la arena de ríos y la gravilla, con los que se pueden conformar superficies más informales, pero igualmente decorativas.

El invernadero permite el cultivo de plantas durante todo el año. Para la estructura se puede utilizar madera, aleación de hierro galvanizado o aluminio. Para la cubierta se aconseja vidrio o plástico. Con el fin de aislarlo mejor del frío es aconsejable cubrir los cristales con plástico de burbujas. Hay que instalarlo en un lugar soleado y protegido del viento, al lado de un muro, sobre una superficie bien nivelada y dotada de un eficaz sistema de drenaje. Para aumentar la temperatura interior es aconsejable instalar una fuente de calor artificial, por ejemplo, radiadores y estufas.

También podemos crear zonas cálidas artificiales o naturales. Los muros son muy resistentes y no requieren ningún mantenimiento. Pueden ser de piedra, hormigón o ladrillo. En los centros de jardinería hay paneles de madera o cortavientos fáciles de montar. Requieren una protección especial contra la pudrición y un barnizado al año. Las celosías están disponibles en madera, plástico, alambre, etc. Requieren algunos cuidados importantes con el fin de que duren mucho tiempo. Además, no ofrecen la misma protección que una superficie compacta. Los setos también crean rincones más cálidos, aunque desde la plantación hasta que alcanzan su altura definitiva pasan varios años. Además, necesitan cuidados regulares.

Entre los árboles que aguantan el frío podemos encontrar al arce, fresno, manzano, roble, cercis y haya. Arbustos resistentes son, por ejemplo, cotoneaster, fuchsia, piracanta, rododendro, berberis, camelia, cornus, viburno y la mayoría de las rosas. Las trepadoras que toleran las bajas temperaturas son madreselva, hiedra, parra virgen, glicina y algunas clemátides.

 Trucos contra las hormigas

Es cierto que las hormigas negras, rojas o amarillas ocasionan pocos daños. Pero no podemos subestimarlas, ya que pueden atacar a los semilleros de casi todas las plantas anuales, las vivaces pequeñas y la pradera de césped. Son fáciles de detectar, los síntomas de su presencia son evidentes ya que las plantas crecen despacio y pueden marchitarse al quedar dañadas sus raíces. Además, surgen montones de tierra que incluso sepultan a los ejemplares de desarrollo rastrero.

Su gran objetivo es el césped, donde las de color amarillo se dedican a llevar tierra a la superficie mientras construyen el hormiguero o agrandan sus nidos. El problema de los montones de tierra no es solo estético ya que afecta también a la siega. Además, cuando hagamos la siembra del nuevo césped las hormigas desenterrarán las semillas para llevarlas a sus hormigueros, lo que hará que la germinación no sea homogénea. Por eso, antes de sembrar, repartiremos unas cuantas semillas por el terreno y observaremos dónde las trasladan. Una vez descubierto su refugio incorporaremos una granulado antihormigas. Si no resultan excesivamente molestas puede bastar con blindar las semillas con insecticida, para que no las recojan.

A las hormigas les encanta el azúcar, de ahí que uno de sus aliados sea el pulgón. La melaza que segrega es tan apreciada por las hormigas que llegan a tener granjas de pulgones a los que protegen de otros enemigos. Podemos usar esto a nuestro favor para detectar a los pulgones, ya que a veces son difíciles de ver. Sin embargo existen otras especies con las que las hormigas no se llevan tan bien, como algunas avispas parásitas, las larvas de mariquitas y moscas neuróteras, y sobre todo la hormiga león.

Aparte de utilizar productos químicos para combatirlas podemos recurrir a algunas plantas que ayudan a proteger el jardín y el huerto de esta plaga. El cultivo de espliego, lavanda, tomillo, mejorana y caléndula las ahuyenta, de la misma forma que si cubrimos la zona afectada con hojas de tomate o helechos. Podemos probar a esparcir en torno a los hormigueros, y dentro de ellos, algas cálcicas, trampas de miel y agua caliente. En los troncos de los árboles aplicaremos una barrera de material pegajoso húmedo no tóxico, para evitar su paso.

evitar agujereadores Evitar los agujereadores

Tanto los Lepidópteros ( mariposas) como los Coleópteros ( escarabajos) son xilófagos, es decir, comedores de madera. Presentan diferentes aspectos, pero todos son muy pequeños. Así, la Zuzera pyrina es una oruga de color amarillo con puntos negros que puede llegar a medir hasta 6 centímetros; la Cossus cossus, que alcanza 10 centímetros, es de color asalmonado y cabeza negra, pero la característica que la hará reconocible es su olor a cuero viejo; y la Paranthrene tabaniformis, de 2,5 centímetros, es de cuerpo blanco amarillento y cabeza marrón. A pesar de su pequeño tamaño resultan muy dañinos.

Estos nocivos insectos están dispuestos a devorar toda la madera que encuentran a su paso. Excavan galerías bajo la corteza y, lo que es peor, las hembras depositan en ellas sus huevos, con lo que la invasión está garantizada por el tronco y las ramas. Los daños son innumerables, llegando a ocasionar la muerte de los árboles. Atacan a los ejemplares débiles, mal ubicados y peor nutridos. Sus preferencias con cualquier especie de madera blanda y prácticamente todos los frutales. Especial cuidado pondremos con las ramas rotas por el viento, pues ofrecen excelentes condiciones para el desarrollo de estas colonias.

Los árboles fuertes, productores de un buen flujo de resina, impiden con ella la penetración de orugas por los orificios. Por contra, los ejemplares con cepellón escayolado son candidatos a sufrir el ataque de insectos xilófagos, que se detectan una vez plantados. Las galerías que excavan hacen que disminuya la resistencia de pies y ramas.

Si estamos atentos, podremos ver los rastros de la presencia de estos pequeños enemigos. El más común, la acumulación de serrín al pie de los árboles o en los agujeros del tronco o ramas. También podemos notar ciertas exudaciones gomosas en la corteza que nos pondrán sobre aviso. Para evitar la proliferación de insectos barrenadores resulta imprescindible que nuestros árboles sean sanos y fuertes. Para ello debemos tenerlos bien abonados y con suficiente agua, esto hará que produzcan suficiente savia para evitar la anidación de insectos.

En caso de tener un ejemplar totalmente atacado lo más recomendable es eliminarlo porque será un foco de contagio. La prevención es fundamental, durante el invierno haremos un tratamiento con aceite mineral que nos evitará muchos problemas. Si ya ha sido afectado combinaremos este plaguicida con un insecticida polivalente.

cuidar plantas Tips para el cuidado de las plantas
Las plantas son como de la familia, están en nuestra casa y forman parte de nuestras vidas. Exigen mimo, cuidados y cariño para que puedan crecer fuertes y bellas. Para eso, es necesario que conozcas los cuidados más elementales de las plantas, conoce los términos: abono, riego, calor, tierra, nutrientes o manchas. En definitiva, lo básico que necesitas conocer para tener un jardín precioso.

1.- No riegues las plantas por el tamaño de la maceta, consulta antes el grado de humedad que requieren y la tierra donde está plantada.

2.- No abones sobre un cepellón (conjunto de raíces y tierra) seco, eso podría dañar las raíces. Tampoco se recomienda regar después del abono, puesto que el agua arrastraría hasta el fondo los nutrientes aportados. Lo ideal es humedecer la tierra y posteriormente abonar como es debido.

3.- No abones si piensas que tu planta está enferma. Recuerda que los fertilizantes no son medicinas, su propósito es estimular el crecimiento de la planta, no curar. Si tiene otros problemas, conviene tratarlos antes. Consulta en tu tienda especializada.

4.- Recuerda que el aumento de la temperatura provoca en las plantas una pérdida mayor de agua por evaporación, conviene regar más a menudo para evitar que aparezcan manchas de color pardo o marrón claro, la caída prematura de las hojas o una apariencia triste y decaída.

5.- Retira las hojas amarillas y los gajos secos o partidos. Estos son tejidos que ya no están vivos y pueden atraer plagas y bacterias que más tarde enfermarán la planta.

6.- Si la planta ha sido contagiada por un hongo, o cualquier otro tipo de plaga o agente patógeno malicioso, pida ayuda a un especialista para comenzar un tratamiento antes de que se esparza a otras plantas del jardín, patio, terraza o balcón.

7.- Las plantas también sufren de estrés normalmente por culpa de los bruscos cambios climáticos y el déficit de nutrientes del suelo. Su cuidado es fundamental para evitar la influencia de agentes externos perjudiciales como sequías, olas de calor, heladas, frío intenso, viento y humedad excesiva.

8.- Un frío suave se puede tolerar, pero una escarcha continuada puede matar los tejidos de muchas plantas en una sola noche, si detectas que esto puede sucede, la única protección eficaz es trasladar las plantas a interiores protegidos o cubrirlas con una tela o malla que les permita transpirar. No las dejes morir de frío.

9.- Una falta de luz puede ocasionar la aparición de manchas de color negro en las hojas, cuando estas manchas tengan un tono amarillo esto puede ser un indicio de falta de nutrientes. Un abono rico en hierro facilitará la recuperación.

10.- No intentes cultivar plantas sin antes informarte sobre sus necesidades, necesidades de humedad, temperatura y tipo de suelo. Tampoco te las lleves contigo si vas a ausentarte de casa o no dispones de tiempo para cuidarlas y atenderlas. Recuerda siempre que ellas son seres vivos atrapados en un entorno que les puede resultar ajeno. No las hagas sufrir.

combatir acaros Combatir los ácaros

Los ácaros tienen forma ovalada, con la cabeza, el tórax y el abdomen fusionados en un cuerpo no segmentado. Su aspecto es similar al de las garrapatas, aunque más pequeños ( no superan el medio milímetro). Disponen de un aparato bucal adaptado para la perforación. Cuando hace mucho calor aumenta su fertilidad por lo que, si en nuestra región se dan estas condiciones, debemos estar preparados para recibir la visita de estos atacantes tan virulentos. En un año pueden desarrollar varias generaciones y suelen presentarse en gran número sobre sus huéspedes habituales, las hojas. Siempre, eso sí, en temporadas de calor seco, porque no soportan el frío ni la humedad.

Pueden presentarse bajo formas diferentes, pero todos son bebedores de savia. Las hojas amarillean y aparecen unos puntos pardos o amarillos, que en las hojas más jóvenes y débiles se pueden observar al trasluz y llegar a confundir con una enfermedad criptogámica. Además se secan, abarquillan y caen. También pueden apreciarse a simple vista o mediante el tacto de las telarañas en el envés de las hojas o sobre la planta atacada.

El ácaro más temible y abundante es la araña roja ( Tetranychus telarius). Sus daños son frecuentes en patatas y judías, pero su radio de acción se extiende a rosales, claveles, crisantemos, árboles frutales… A diferencia de la araña roja, los tarsonémidos, otros tipo de ácaros, necesitan de una cierta humedad para sobrevivir y son también inapreciables a la vista. Los ácaros eriófidos, la araña blanca ( Polyphagotarsonemus latus) y la del ciclamen ( Tarsonemus pallidus) se dan principalmente en cultivos ornamentales. Los cultivos más sensibles son las adelfas, aligustres, arces, rosales y las plantas anuales de flor.

En invierno, cuando están inactivos, aplicaremos sobre nuestras plantas aceite mineral invernal. Fulminará a un buen número de ácaros adultos y reducirá su aparición en verano. El riego será otro gran aliado, manteniendo unas tasas de humedad alta impedimos la reproducción de los ácaros pero si el ataque es muy importante, en los centros de jardinería podemos encontrar una gran variedad de productos que nos ayudarán a controlar esta plaga. Mantener una humedad alta en épo

cuidar flor pascua Cuidar la flor de Pascua o Poinsetia

La flor de Pascua o Poinsetia ( Euphorbia pulcherrima) es originaria de México, donde crece como un arbusto. En algunas zonas de clima suave de España, caso de Levante o Andalucía, se cultiva como ejemplar de exterior, pero realmente es conocida como planta de interior. Tiene muchas hojas ovaladas y puntiagudas de color verde brillante y con los bordes dentados, pero destaca por su brácteas ( falsas hojas) que crecen en los extremos de las ramas y que rodean a unas pequeñas flores amarillo cremoso. Existen múltiples variedades con brácteas en colores que van del rojo al crema, pasando por el rosa, el amarillo o el albaricoque, en incluso hay especies con dos tonos.

A pesar de su aspecto exótico, es una especie fuerte que necesita pocos cuidados. Cuando se escoge el ejemplar hay que asegurarse de que las flores amarillas, situadas entre las hojas coloreadas, están brotando. Si la mayoría ya ha florecido o ha empezado a caer, las hojas no durarán mucho. Proporcionándole un ambiente cálido y riego regular, su floración que puede iniciarse en octubre se prolongará hasta la primavera. En ese momento las hojas superiores de color se caerán y serán sustituidas por otras verdes. Después de la floración conviene que podarla, dejando tres yemas de cada rama. Tras la brotación, se realiza el trasplante. Para que las hojas recuperen el tono rojizo debe guardarse a oscuras 12 horas al día a partir de finales de verano. Por ejemplo, podemos cubrirla con una caja de cartón o algún tipo de campana opaca.

Cuando compremos una Poinsetia hay que buscarle una habitación bien iluminada y con calefacción suave. Necesita un ambiente cálido con una temperatura de alrededor de 20ºC, porque es muy sensible al frío. Cerca de la ventana recibirá suficiente luz pero nunca deben incidir sobre ella los rayos de sol directos. Debe tener siempre las raíces ligeramente húmedos, pero nunca encharcadas. Regaremos de forma moderada, a menudo, evitando que el agua se quede en la base de la maceta. Mientra florece, es decir, cuando tenga hojas rojas, no es conveniente abonar.

Si la atmósfera está muy reseca por efecto de la calefacción, las hojas empezarán a marchitarse. Sin embargo, las pulverizaciones directas sobre el follaje pueden estropear las brácteas florales. La solución idónea es situar la planta sobre agua y guijarros, o rociarla pero desde abajo. Cuando las brácteas se marchiten cortaremos la planta dejando dos tercios de su ramaje. A partir de aquí comienza su tiempo de reposo, que dura un mes. Durante este tiempo el sustrato debe estar casi seco y la planta estará situada en una habitación con temperatura fresca y buena luz.


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