Cultivos

cultivar fucsias Cultivar fucsias

Originaria de Sudamérica, a la fucsia ( Fuchsia sp.) se le conoce también como pendientes de la reina por sus características flores pendulares, que se abren de forma continua desde el final de la primavera hasta entrado el otoño. Este hermoso arbusto, además de resultar ideal para un seto con un margen mixto, puede cultivarse como especie trepadora, en espaldera o en forma de abanico contra una pared cálida, así como en macetero dispuesta en la terraza. En todos los casos, es muy importante mantenerla alejada del viento, su principal enemigo.

El mediterráneo y el atlántico son sus climas apropiados, debido a los inviernos benignos que se dan en estas zonas. Se adapta a situaciones muy diversas, aunque dependiendo del lugar donde vayamos a colocarla elegiremos variedades más o menos rústicas. Y en todos los casos, nos aseguraremos de que están sanas y bien formadas.

Necesita un terreno rico en materia orgánica y poroso. En primavera y otoño añadiremos mantillo, y un acolchado en inverno. No soporta la falta de agua pero hay que procurar que no se encharque, por lo que regaremos de manera regular. Una poda enérgica en primavera reforzará las nuevas ramas y propiciará su floración. Los tallos que se vean dañados por el hielo deben ser cortados cuanto antes, para evitar pudriciones. El método más rápido para reproducir esta planta es por esquejes, que se pueden hacer en cualquier época del año. También se puede hacer por semillas, a principios de la primavera. Cultivadas en el centro peninsular prefiere un lugar protegido y fresco. Si está en el litoral la dejaremos en el exterior, cubierta con paja.

Es una planta bastante sensible a las enfermedades. Durante el verano podemos observar agujeros en las hojas. Se deben a las chinches de las hojas, que chupan la savia, matan los tejidos y produce estos agujeros. Eliminaremos las partes dañadas en invierno para controlar los huevos y larvas, aparte de aplicar un insecticida. Si vemos que hay partes pegajosas en los capullos, tallos jóvenes y parte inferior de las hojas será que ha sido atacada por pulgones, por lo que durante el invierno aplicaremos aceite mineral y caldo pegajoso cuando notemos su presencia. Pueden amarillear sus hojas debido a la araña roja o producirse unos círculos de esporas de hongos en el envés de las hojas por la roya. En general tendremos mucho cuidado con esta planta, ya que las plagas son su talón de Aquiles.

cultivar clematides Cultivar clemátides

Las clemátides ( Clematis sp.) más populares son las trepadoras, pero a este género, de la familia Ranunculáceas, pertenecen también plantas herbáceas, como Clematis integrifolia y Clematis recta. La mayoría resiste la intemperie en las zonas templadas y apenas requiere cuidados, salvo riego abundante después de plantar y en verano, así como poda regular para eliminar los tallos viejos, largos o entrecruzados. Los peciolos de las hojas tienen la capacidad de enroscarse a alguna ramilla, pero las bellas flores de pétalos aterciopelados que se abren a modo de estrella son la clave de su encanto.

Sus colores van desde el blanco hasta el púrpura oscuro, pasando por los rojos, rosas y azules. Se dividen en tres grupos, según su tiempo de floración y su hábito. En el primero están las especies de floración temprana, en las primeras semanas de primavera; el segundo grupo lo forman los cultivares tempranos de flores grandes, y el tercero comprende las de floración tardía, los cultivares de flores grandes y los tipos herbáceos, que dan flores sobre el desarrollo de la estación en curso y que duran hasta el otoño.

Gracias a esta variedad, resultan muy versátiles. Las más vigorosas son ideales para camuflar viejos muros, verjas y construcciones poco agradables, para reptar sobre troncos de árboles, tocones y glorietas. Las clases leñosas pueden guiarse sobre espalderas y pérgolas y las herbáceas caer en cascadas sobre las barandillas de las terrazas. Las especies delicadas pueden dejarse tapizando el suelo. Muchas clemátides se adaptan bien al cultivo en contenedor y algunas se pueden cultivar apoyadas en plantas huésped. En cualquier caso hay que recordar que aunque le gusta el aire libre y el so, prefieren tener su base a la sombra fresca en vernos y protegida de las heladas en invierno.

Todas la clemátides requieren semejantes condiciones en cuanto al terreno. En los fértiles, frescos y bien drenados, así como ligeros y neutros o algo alcalinos, tendrán más éxito. Los muy ácidos, empobrecidos o muy pesados, húmedos y fríos producirán un crecimiento pobre. Conviene prepararlo con turba, mantillo o estiércol. Antes de plantar nos aseguraremos de que las estructuras por donde van a trepar son fuertes y sólidas para que aguanten su peso cuando alcance su talla adulta. Instalaremos cada planta en un agujero profundo, de 45 centímetros de anchura y profundidad, al que habremos añadido abono orgánico.

cultivar hibiscos Cultivar hibiscos

Al género Hibiscus pertenecen unas 200 especies, tanto de hoja perenne como caduca. Las flores tienen cinco grandes pétalos de vivos colores. Aunque duran muy poco tiempo, u día o dos como máximo, se forman muchas continuamente durante varios meses, desde mediados de verano hasta los primeros hielos. Muchas especies son originarias de países tropicales y se cultivan como plantas de interior o de invernadero, pero el más conocido, el Hibiscus syriacus, se adapta perfectamente al exterior, siempre que esté bien protegido. Otras tres especies despiertan el interés en cualquier jardín: Hibiscus rosa-sinensis o rosa china, por sus grandes flores con forma de embudo; Hibiscus mutabilis y Hibiscus moscheutos, el más pequeño y delicado.

Los syriacus se adaptan como anillo al dedo formando setos o plantados en macetón, aunque si los dejamos a su aire, pueden alcanzar hasta 3 metros de envergadura. Para ello es necesario que ocupen un lugar soleado y que la tierra drene perfectamente el agua de la lluvia o del riego. Por lo general conforman un espectáculo de belleza sin parangón en agrupaciones arbustivas heterogéneas, o bien en conjuntos que reúnan distintas variedades de este mismo arbusto. También resulta muy buen fondo para macizos mixtos de flores y para subrayar ángulos o jalonar entradas.

La rosa china se adapta bien al interior, pero necesita ambiente fresco, sin calefacción y abundante luz. Con la bajada de temperaturas necesita un periodo de descanso invernal y le debemos proporcionar menos agua y temperatura. Necesita contar con una primavera y verano calurosos y una posición soleada para que la floración se desarrolle en todo su esplendor, resultando ideal el clima mediterráneo. En el norte también se puede disfrutar de él, siempre que se cultive al abrigo de un muro orientado a mediodía. El suelo ideal para este arbusto es de tipo poroso, de naturaleza calcárea y más bien pobre. Es preferible que sea algo seco y, en todo caso, que tenga un buen drenaje.

Deben plantarse en otoño o en primavera. Los ejemplares dispuestos en macetón o jardinera tienen que regarse abundantemente cuando están en pleno desarrollo y de forma moderada durante las restantes épocas del año. Como las flores salen en la madera del año, hay que podar el Hibiscus syriacus a finales de invierno, cortando bastante los tallos viejos para conseguir flores gigantes desde mediados de verano. En el caso de Hibiscus rosa-sinensis conviene cortar las matas hasta la mitad de su altura cuando se produzca la brotada primaveral . Las plantas jóvenes necesitan protección de las heladas y del viento.

cultivar dalias Cultivar dalias

Su origen se encuentra en Centroamérica, donde apareció como una planta comestible similar a la patata por sus parecidos tallos subterráneos y carnosos. Sin embargo, pronto cambió esta opinión ya que, aunque la dalia también es un tubérculo, sus cualidades son ornamentales, no nutritivas. Comprobada su curiosa floración, enseguida fue hibridada y entró a forma parte de los jardines de Europa, donde se ha convertido en una especie insustituible por su variedad de formas y colores.

La dalia prospera en suelo fértil, con pH 7, pero antes de plantarla, en primavera, habrá que trabajarlo en profundidad. Lo haremos a final del invierno, cavando y mezclando una buena dosis de abono orgánico ( a ser posible, estiércol o mantillo). Hay que tener en cuenta que el terreno debe contar con buen drenaje para que un exceso de agua no produzca encharcamientos, muy peligroso para esta planta. También es sensible a los áfidos y enfermedades víricas.

Elegiremos un emplazamiento abierto que disfrute de una buena dosis de sol y esté protegido del viento para evitar daños en sus frágiles tallos. Por esto mismo, es aconsejable asegurarla con tutores, salvo en el caso de las formas más pequeñas. Puede plantarse como especie cultivada en tiesto, como tubérculo inactivo o como esqueje arraigado de tubérculo, aunque sin olvidar que las plantas con hojas son preferibles a los tubérculos por su mayor tamaño.

Plantada en maceta, colocaremos las cañas a la distancia adecuada ( 60-90 centímetros) entre cada una para las dalias mayores y 30 centímetros para las más pequeñas y plantamos sin tocar el cepellón. Para los tubérculos inactivos haremos un hoyo de 22 centímetros de ancho y 15 de profundidad y cubrimos el tubérculo marcando su ubicación. La plantación de esquejes arraigados la realizaremos en el exterior pasado el peligro de heladas.

Salvo en azul, las dalias ofrecen una brillante muestra de coloridos durante su floración, de final del verano a los primeros fríos. Tonos rosas, amarillos, púrpuras, carmesí, lilas, malvas …, en borlas diminutas o enormes flores de 30 centímetros. Algunas variedades interesantes son, por ejemplo, la “Preference” ( muy resistente a las enfermedades), la “Small World” ( flor en forma de pompón) y la “Figaro” (para crear grandes macizos). Realmente lo que nos resultará difícil será elegir una entre tantas posibilidades de color, forma, altura y belleza que nos proporcionan las dalias.

cultivar tomates Cultivar tomates

El tomate ( Lycopersicum esculentum) pertenece a la familia de las Solanáceas. Hay tres tipos de variedades: de cordón, arbustivo y enano. La plantación en invernaderos o estancias cerradas permite obtener cosecha todo el año. Gracias a las variedades más recientes y nuevas técnicas de producción resulta fácil recolectarlos de mayo a noviembre. Aun planta produce de 2 a 3 kilogramos de frutos durante toda la temporada, según las variedades, lo que representa por término medio de 6 a 8 kilogramos por metros cuadrado. El acolchado con plástico aumenta la precocidad y el rendimiento del cultivo.

El terreno debe ser mullido, fértil y no excesivamente seco, aunque con buen drenaje. Prepararlo exige un arado profundo a fin de remover la tierra y, de paso, mezclarla con estiércol o materia orgánica. La forma de plantación es en hileras, entutorados con cañas contra una pared al sur. Si el huerto está expuesto al viento precisará una sujeción extra contra los deterioros. En líneas generales, la distancia media entre hileras debe ser de 45 centímetros en los de cordón y 30 centímetros en los pequeños.

Hay que sembrarlos desde finales de febrero a principios de marzo en bandeja o semilleros llenos de turba, poniéndolos después en una estancia cerrada o invernadero caliente. Como les encanta el sol, no se pueden plantar en el exterior hasta que haya desaparecido el riesgo de heladas. Para ir aclimantándolos a su lugar definitivo conviene sacarlos fuera por el día y volverlos a meter por la noche. En el momento en que la planta presente varias ramas con hojas habrá que despuntarla, operación que conlleva la aparición de frutos.

Una vez dispuestos en el terrenos, las plántulas jóvenes requerirán una protección si todavía hace fresco, por ejemplo, con campanas de cristal, plástico o lona de polietileno. Respecto al riego, sólo ha de ser abundante al acabar la plantación y en tiempo seco bastará con hacerlo una vez a la semana. Para obtener tomates más sabrosos, cuanta menos agua, mejor. Si presentan buen aspecto, no necesitan abono. Pero en casos de que los primeros racimos de flor aparezcan pobres o las hojas no crezcan conviene fertilizarlos.

La cosecha no comienza antes de mediados de junio, siendo muy abundante en los meses de julio-agosto, e incluso, en la primera quincena de septiembre. En el momento de recoger los frutos que ya están maduros hay que tomarlos con una mano y darles la vuelta ligeramente con el objeto de separarlos del tallo con su pedúnculo correspondiente. Antes de hagan su aparición las primeras heladas conviene recoger los que todavía estén verdes y colocarlos en una habitación o almacén extendidos sobre paja, para que terminen su proceso de maduración.

cultivar aloe Cultivar áloes

En el antiguo Egipto se consideraba que el áloe tenía poderes curativos y de buen augurio, y con la creencia de que aseguraba larga viada a sus moradores formaba parte de la decoración de las casas. Hoy se ha demostrado que esto no era sólo leyenda, ya que se utiliza en farmacia y cosmética moderna, pero lo que está más claro son los variados usos en el jardín de esta Liliácea, gracias a sus 300 especies: unas adoptan porte arbustivo en cogollo o roseta; otras, el de un árbol; y en contadas ocasiones se transforman en originales trepadoras. El mediterráneo levantino y sur y las zonas de clima tropical se manifiestan con sus enclaves perfectos.

La característica que mejor los define es la disposición de su hojas. Surgen en apretados conjuntos con forma de roseta, que se asientan sobre tallos gruesos no demasiado ramificados, y los bordes poseen púas en arpón con una fuerte púa terminal. La forma del follaje, al impedir la penetración de los rayos del sol, evita la evaporación del agua. Plantado a finales del invierno, florece sin dificultad, primero en abril-mayo y luego en agosto, emitiendo un largo pedúnculo del que, formando espirales, surgen flores acampanadas o tubulares de color amarillo, naranja o rojo.

El calor y el sol intensos permiten su vegetación exuberante de primavera a otoño. No tolera el frío intenso, de ahí que su permanencia en el jardín se ciña a las zonas templadas donde los inviernos sean benignos. Sin embargo, le conviene descansar en invierno, con temperaturas frescas que favorecerán la floración del año siguiente. Prefiere los suelos con buena capacidad de drenaje. Si lo cultivamos en maceta agregaremos al sustrato arena y una capa de gravilla dispuesta en el fondo del recipiente.

La forma más económica de tener una áloe en su jardín consiste en multiplicarlo en primavera u otoño por semillas o a partir de esquejes o retoños. Aunque si lo preferimos como ejemplar ya desarrollado nos dirigiremos a los viveros y centros de jardinería. De esta manera podremos elegir entra las diversas variedades, como Aloe arborecens “variegata”, de aspecto arbustivo, hojas largas, estrechas, verde azuladas, de bordes dentados y bandas de color crema; también puede ser interesante Aloe variegata, que tiene pequeño porte, con hojas verde oscuras, triangulares y con marcas blancas, que admite cultivo en interior.

cultivar remolacha Cultivar la remolacha

La remolacha (Beta vulgaris var. conditiva) es una hortaliza muy apreciada por su sabor y sus propiedades remineralizantes. Fácil de cultivar, crece en cualquier emplazamiento y en casi todos los terrenos, aunque prefiere los fértiles y bien drenados. Los trabajos que aseguran un adecuado desarrollo son el riego abundante y las escardas, para impedir que las malas hierbas colonicen los bancales. Existen numerosas variedades según la forma ( achatadas, cilíndricas o redondeadas) y el color de la raíz ( desde el rojo fuerte al anaranjado, pasando por el blanco). Además, hay variedades tempranas, que se siembran en primavera, y tardía, para plantar en otoño, lo que asegura una cosecha gradual durante gran parte del año.

Aunque se adapta a muchos suelos, las mejores cosechas se consiguen en los profundos, sueltos, frescos, bien drenados, ricos en humos y mullidos. Prefiere un terreno de consistencia media. Los arcillosos producen remolachas con pulpa seca, mientras que los demasiados húmedos les restan sabor. Exigen una tierra rica en materia orgánica bien descompuesta. Se recomienda hacer una estercolado previo a la siembra. Cuanto más tiempo pase entre el abonado y la siembra, mejor. Hay que utilizar estiércol que no sea fresco y no añadirlo nunca durante el cultivo. Los abonos ricos en nitrógeno provocarían un desarrollo exagerado de las hojas en detrimento de las raíces. La remolacha es muy resistente a la salinidad, incluso se ve algo favorecida por su presencia.

La siembra se puede hacer en el suelo en cuanto haya pasado el riesgo de heladas, entre marzo y julio, o usar semilleros protegidos para las más precoces, que se trasladarán al huerto 30-40 días después. Con una siembra gradual, por ejemplo cada 50 días, se disfrutará de remolachas todo el año. A partir de septiembre se siembran las variedades tardías. Se siembra a voleo en hileras distanciadas unos 30 centímetros. Las semillas deben quedar a 2 ó 3 centímetros de profundidad.

Las remolachas necesitan un riego regular,aunque no abundante, sobre todo, durante la germinación y el desarrollo de las raíces. Si pasan sed o la tierra se seca y luego se riegan mucho, las raíces se agrietan y se parten. Es importante controlar las malas hierbas practicando binas y escardas para evitar que compitan con las remolachas. Un acolchado de materia orgánica les vendrá bien para impedir que nazcan los hierbajos, y a la vez mantendrá la humedad en el terreno. En los climas fríos conviene cubrirlas con paja antes de que hiele. Además, el aclareo se repetirá varias veces para conservar una distancia de 15-30 centímetros entre plantas.

cultivar camelias Cultivar camelias

El género Camellia consta de unas 80 especies de árboles y arbustos de hoja perenne y origen asiático, entre las que destacan la Camellia japonica, que florece a partir de enero, la Camellia sasanqua, en flor durante el otoño, y la Camellia sinensis, de la que se obtiene el té. Son especies resistentes, que prefieren una posición resguardada y un suelo ácido. Se cultivan tanto por sus hojas, ovaladas y brillantes, de color verde oscuro con el envés más claro, como por sus flores, que pueden ser simples, dobles o semidobles y en colores que van desde el blanco, hasta el rojo más intenso, pasando por el rosa.

La Camellia japonica es un arbusto de lento crecimiento que puede cultivarse en el jardín, en grupos o como ejemplar aislado, pero también en recipientes, con una mezcla de cuatro partes de tierra vegetal sin cal, dos de turba y una de arena de río. Destaca por sus flores de gran tamaño, que según las variedades, aparecen en tres períodos: entre octubre y diciembre, diciembre y marzo o marzo y mayo. Prefiere los climas suaves y húmedos, como el atlántico, donde se desarrolla bien en una orientación norte o noreste. Podemos cultivarla también en otras regiones, siembre que esté protegida de las heladas y de los vientos fríos. El cultivo en interior también es posible. Situada en una habitación fresca, con riegos abundantes y rociando el follaje no debería tener problemas, siempre que no las movamos.

Es una especie acidófila, por lo tanto requiere un suelo rico en materia orgánica en descomposición. Al plantar, incorporaremos una buena capa de tierra ácida ( de brezo o castaño), y cada otoño y primavera, compost de hojas, estiércol semidescompuesto, turba o mantillo. Es importante que el suelo tenga un buen drenaje, ya que aunque necesita un elevado grado de humedad, odia el encharcamiento, que puede provocarle podredumbre. Conviene que el agua utilizada para el riego no sea calcárea.

Hay que aprovechar las épocas en las que ya no tiene lugar su floración para plantarla, es decir, en verano o en otoño. No conviene tampoco plantar o trasplantar en plena actividad vegetativa, mejor a primera hora de la mañana o a última de la tarde. En esa misma época aprovecharemos para propagar de forma vegetativa, para conservar sus características. El método más habitual son los esquejes; elegiremos vástagos semimaduros, de 10-15 centímetros, y cortamos justo encima de una hoja. Para que el arraigo sea más rápido impregnamos la base del esqueje con hormonas de enraizamiento. Plantaremos en tiestos con sustrato para semillero, afirmando la estaca y regando a continuación. En 2-4 meses ya podremos transplantar. Los acodos también dan buen resultado en las camelias. Escogeremos un brote flexible, que crezca próximo a la tierra y abrimos una zanja en el suelo de unos 8-10 centímetros de profundidad y con forma de V. Doblamos el brote, lo enterramos y en 18-24 meses habrá arraigado, es entonces cuando podremos separarlo de la planta madre y trasplantarlo.

cuidar plantas interior Cuidar las plantas de interior

Antes de adquirir una planta de interior hay que buscarle el lugar adecuado, con la luz que necesita, el espacio que requiere… La mayoría es feliz en estancias bien iluminadas, pero sin sol. Otras, en cambio, son capaces de vivir en pasillos y lugares con poca claridad. A partir de aquí, el cuidado más importante es el riego, sobre todo en verano. Siempre ya que tener en cuenta que prefieren estar secas antes que encharcadas. Proporcionarles un ambiente húmedo también es vital, ya sea rociando el follaje o poniendo un recipiente con agua y guijarros. Abonar, podar, trasplantar… son tareas que se requieren en momentos puntuales. Además, se deben vigilar a menudo para que no hagan acto de presencia las plagas.

La mayoría se riega por arriba, pero a algunas es mejor ponerlas sobre un plato con agua. Después hay que tirar el agua sobrante depositada en el recipiente. El encharcamiento es su peor enemigo. Toleran mejor la sequía que el exceso de agua. En otoño e invierno hay que regar poco. Las plantas se resienten bastante con la calefacción en invierno y las altas temperaturas del verano. La mejor solución consiste en pulverizar de vez en cuando el follaje o colocar un poco de agua que haga las veces de humidificador.

Las plantas que se cultivan en recipientes precisan más nutrientes que las plantadas en el terreno. Las que florecen lo necesitan durante la época de floración. Por regla general, hay que abonar bien las especies de interior entre mediados de primavera y mediados de otoño, cuando se encuentran en pleno crecimiento. La frecuencia varía, pero por término medio se debe añadir fertilizante al agua de riego cada 15-30 días. Las barras y clavos se introducen en el compost y se van liberando poco a poco.

A las plantas no les gusta que les toquen las raíces y cualquier daño interrumpirá su crecimiento. Por eso el trasplante sólo se hará en casos necesarios: cuando las especies son pequeñas, si hay problemas de crecimiento, se ha roto el tiesto… y como mucho una vez al año. Se prepara el recipiente con cascotes en el fondo para mejorar el drenaje, se añade compost y se coloca la planta después de haberla extraído de su antiguo tiesto. Se rellena con más sustrato, afirmando con los dedos y se dejan 2 centímetros entre la superficie de la tierra y el borde del tiesto, regando a continuación.

cultivar chalotas

La chalota ( Allium ascolonicum) es una hortaliza Liliácea, comos los ajos y las cebollas, de cultivo parecido al de éstos. De un solo bulbo ( mejor dicho, de un diente) y durante un corto periodo produce un manojo de pequeños bulbos de igual tamaño. Sus usos culinarios son similares a los de la cebolla, pero de sabor más fuerte. En primavera sus tallos tiernos tienen las mismas cualidades que el cebollino. Necesita un suelo fértil y no conviene regarla después de la plantación. El enmohecimiento de las raíces es su mayor problema, de ahí que los riegos tengan que ser escasos. Cuenta con dos variedades principales: de primavera y otoño.

En las zonas templadas se puede empezar a plantar esta hortaliza desde mediados de invierno y durante la primavera para así disfrutar de una cosecha temprana. También se puede hacer una segunda siembra en otoño. Se entierran los bulbos en líneas separadas entre sí unos 20-25 centímetros. Entre cada bulbo hay que dejar unos 10 centímetros de distancia. También crecen bien cuando las líneas se amontonan en pequeñas lomas. Este método es una buena opción en suelos pesados. Se plantan superficialmente, de manera que un tercio de la chalota asome por encima del suelo.

Las chalotas se adaptan a cualquier clima, ya que se trata de una hortaliza bastante resistente tanto al frío como al calor intenso. Pero lo que no lleva nada bien es la humedad, y por eso crece mejor en zonas secas. Además, para obtener ejemplares más grandes, las chalotas prefieren días con fotoperíodo largo ( muchas horas de luz). Por tanto, resulta más fácil su cultivo en climas meridionales y cálidos.

Aunque se adaptan a muchas condiciones, las chalotas necesitan contar con un suelo bien drenado, que impida los estancamientos de agua. Crecen mejor en terrenos algo pesados, fértiles, moderadamente abonados con estiércol, bien aireados y neutros o ligeramente alcalinos. Asimismo, requieren estar en un espacio abierto y con más distancia entre las líneas que ajos y cebollas, porque alrededor del “bulbo madre” se forma un nido o manojo de chalotas de tamaño medio.

Las chalotas se recolectan en cuanto los tallos se doblan, a partir de julio, si se han plantado en primavera. Se recogen y se dejan secar con las hojas en el suelo y al sol durante dos o tres días. Luego se cuelgan en una habitación fresca y seca. Aguantan más tiempo que las cebollas. No germinan al final del invierno, a diferencia de éstas, y se pueden seguir utilizando el año posterior al momento de recolección. Una hilera de 3 metros de longitud producirá unos 3,5 kilogramos de chalotas. La cosecha se efectúa de igual forma que con las cebollas: se tiene que ir sacando del terreno con ayuda de una horquilla o con la mano.


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