
Los limoneros dan un olor muy agradable además que una apariencia muy buena a todo su entorno. Pueden plantarse en macetero o directamente al terreno y es recomendable que esté expuesto al sol directo y en temperaturas templadas. Los limoneros son buenos compañeros para poner en patios y jardines, deben de recibir luz directa del sol, el riego debe de ser regular y llega a medir desde 2 hasta 7 metros de altura y de 1,5 a 3 metros de ancho.


Tener árboles frutales es uno de los mayores orgullos de cualquier amante de la jardinería, y es que tras mucho tiempo de cuidados podremos ‘recoger los frutos’ de nuestro esfuerzo y trabajo… ¡Nunca mejor dicho!
Para conseguir que nuestros árboles frutales se desarrollen adecuadamente deberemos mantener una buena fertilización de nuestras plantas abonándolas en la medida de lo necesario.


Plantar árboles frutales puede ser todo un chollo, ya que además de que te sirvan como elementos decorativos en tu jardín sirven para recoger después un montón de fruta que tan buena es para nuestro organismo. Para que los árboles frutales se puedan desarrollar correctamente hay que cuidarlos bien y procurar que su ambiente y espacio sea el que necesita por especie y características. Sigue estos consejos y estarán en plena forma:
- Lo primero que debes hacer es calcular el tamaño que alcanzará en el futuro para ubicarlo en el mejor sitio posible y no tener que trasplantarlo después. Cada especie alcanza unas medidas aproximadas, aunque siempre puedes controlar su tamaño podando las ramas que llegan a molestar si están cerca de una ventana o bloquean una zona de paso.

Las personas somos tan caprichosas y exigentes que a menudo queremos conseguir lo que queremos cuándo y dónde lo queremos sin importar si es lo más correcto o no.
Esta regla general es aplicable también a la jardinería, y es que creemos que podemos plantar siempre cualquier especie esperando que se adapte a las condiciones de suelo o del clima y se desarrollen como deberían, cuando esto es a menudo imposible.


¿Qué mejor solución para crear una zona umbría en nuestro jardín que un emparrado? Y lo bueno es que una parra no nos servirá sólo para dar una buena sombra en las calurosas tardes de verano, sino que también nos proporcionará unas riquísimas uvas.
Pocas plantas están tan adaptadas al clima de la península como la vid. Especialmente si pueden crecer en climas mediterráneos, que son los que más la benefician. La vid aguanta el calor del sol de verano y resiste la sequía. Es más, necesita de buen sol para prosperar.
Un emparrado no es más que un cultivo de la vid hecho de tal manera que obliguemos a la planta a elevar sus ramas, enredándose en los soportes que le hayamos preparado. Si se la deja crecer libremente, las ramas de la vid pueden llegar a alcanzar los 30 metros de altura; sin embargo, en las viñas se las poda de tal manera que no crezcan apenas. La parra crece rápidamente, con lo cual en dos o tres años podemos tener listo un emparrado.
A las ventajas de su fortaleza, sus frutos y su capacidad de dar frescor en verano, se suma el hecho de que la parra es una planta caduca; ello es de agradecer en invierno, porque el lugar donde está ubicado el emparrado quedará iluminado por el sol, al haber perdido la parra sus hojas.
Es conveniente ir podando la parra, pues sus ramas crecen de tal manera que se van acumulando las unas con las otras de forma que pueden llegar a pesar demasiado e ir abombando la estructura que les sirve de soporte.
A la hora de plantar la parra hay que tener en cuenta el tipo de suelo con el que contamos. Los suelos arcillosos y los muy fértiles no son muy adecuados, puesto que la planta crece con tal vigor que echa más ramas y hojas que frutos; aunque si la finalidad de la parra es dar sombra, ello no importará demasiado. En cuanto al clima, resiste tanto el calor como las heladas, aunque las temperaturas por debajo de 15 grados bajo cero pueden dañarla.

En ocasiones, nuestros árboles frutales producen en tal cantidad que es imposible comer toda la fruta. Algunos frutos pueden almacenarse durante un tiempo, pero otros se estropean enseguida. Una buena manera de conservar nuestra fruta es hacer mermelada. Además, con la mermelada podemos aprovechar aquellas frutas que se han estropeado por una helada, o por picadas de pájaro… También podemos hacer mermelada con frutos silvestres, como las moras.
Se lava bien la fruta y, si tiene la piel muy dura, se pela. De todas formas, en la mermelada de naranja hay que cortar algunos trocitos muy pequeños de la piel y reservarlos para añadirlos a la fruta.
Se cortan los frutos en pedacitos o rodajas bastante pequeños (por ejemplo, daditos de un centímetro de lado); cuanto más pequeños sean, menos tardaremos en tener la mermelada lista. Ponemos la fruta en una olla y añadimos azúcar; la proporción puede variar: normalmente se pone la misma cantidad de fruta que de azúcar, pero yo he probado a hacerla con la mitad de azúcar que de fruta y se ha conservado igual de bien, aunque queda menos dulce, claro está.
Si la fruta que tenemos es muy acuosa, como por ejemplo las moras, va bien añadirle un poco de manzana (una parte de manzana por cada cuatro de la otra fruta ya irá bien). La manzana, al contener pectina, hace que la mermelada no nos quede líquida en exceso.
Se pone la olla con la mezcla a fuego muy muy lento y se va removiendo con bastante regularidad. La fruta se irá deshaciendo poco a poco hasta adquirir la textura de mermelada; tarda bastante, unas dos o tres horas. Pero siempre puede hacerse un poquito de trampa y pasar la batidora (sólo un momentito) cuando la mezcla ya lleve un rato cociendo. Nunca se tapa la olla, para que el agua de la fruta se evapore.
Envasaremos en tarros de cristal esterilizados (por ejemplo habiéndolos hervido durante diez minutos), los cuales cerraremos y coceremos al baño maría durante una media hora. Los sacaremos con cuidado, colocándolos sobre un trapo. Al cabo de un rato oiremos como hacen un “plop”; es la señal de que el vacío se ha efectuado correctamente.

Si disponemos de algún rincón en nuestro jardín o huerto, podemos aprovecharlo para cultivar fresas, pues es ésta una ocupación bien sencilla y agradecida.
Las fresas son plantas de bosque, lo cual ha de tenerse en cuenta a la hora de escoger un lugar para ellas. Prefieren los suelos con mucho humus, aunque también pueden crecer perfectamente en suelos bastante ácidos. En cuanto a su emplazamiento en relación con la luz, lo ideal es tenerlas en lugares donde reciban la luz del sol, pero que también tengan una ligera sombra; como si vivieran en un bosque claro, que es su hábitat. De todas formas, también toleran la sombra y el sol; a pleno sol darán más frutos que en un lugar umbrío.
La mejor época para plantar las fresas es en primavera, ya que de esta forma con suerte podremos tener frutos en verano, pero pueden plantarse en cualquier momento, exceptuando la época de las heladas. Se colocan dejando una distancia de dos palmos entre cada planta y de 75 centímetros entre hileras. Necesitan un suelo rico en abono orgánico o compost.
Cuando el fruto ya está creciendo, es recomendable realizar un acolchado de paja, para evitar malas hierbas y mantener sanas las fresas. Hay que tener en cuenta que los frutos llamarán poderosamente a los pájaros; si vemos que se los están comiendo, protegeremos las fresas con mallas. Una forma sencilla es colocar cuatro palos en forma de asta, dos delante y dos detrás (quizás algún otro entre medio) de la plantación de fresas, y encima poner la malla; es decir, como si montáramos una tienda canadiense.
Por regla general, a principios de verano ya tendremos fresas, a no ser que hayamos escogido una variedad trepadora, en cuyo caso maduran incluso en otoño. Las frutas se arrancan con el rabito, pues si éste se desprende perderán vitaminas. Sólo se quita el rabito en el momento de comerlas.





















































