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Huerta

concerva de tomate Tomates para todo el año
Cuando llega la temporada de la recolección de los tomates es posible que no podamos consumirlos todos. Ya se sabe: la cosecha suele llegar toda a la vez. Para poder aprovechar los tomates sobrantes no hay nada mejor que hacer conserva de ellos, con lo cual podremos comer tomates de nuestro huerto durante todo el año.

Cogeremos tomates maduros para realizar la conserva. Bueno, en realidad el tomate siempre ha de consumirse maduro, pues cuando está verde posee sustancias tóxicas. Dicho esto, y prosiguiendo con la elaboración de la conserva, lavaremos bien los tomates y los sumergiremos en una olla con agua hirviendo. En pocos minutos, de dos a cinco, dependiendo del tipo de tomate, la piel se resquebrajará, con lo cual se irán retirando los tomates del agua. Los dejaremos enfriar un poco y los pelaremos. Como los hemos escaldado, se pelarán muy fácilmente: tan sólo hay que estirar un poco de la piel y ésta saldrá sola.

Mientras tanto, tendremos preparados potes de cristal ya esterilizados. Los potes se esterilizan lavándolos con jabón, aclarándolos e hirviéndolos en agua durante unos veinte minutos; las tapas también se hierven.

Colocaremos los tomates bien apretados en los potes de cristal y espolvorearemos una cucharadita de sal por encima de ellos. Los cerraremos y los sumergiremos de pie en una olla con agua tibia, de modo que queden cubiertos más o menos en sus dos terceras partes. Se pone la olla al fuego y cuando empiece a hervir el agua, contaremos unos cuarenta minutos (a fuego lento), pasados los cuales ya se puede apagar el fuego y retirar los potes con cuidado.

Hay quien prepara una salmuera, mezclando 15 gramos de sal por cada litro de agua y la vierte encima de los tomates cuando ya están en los potes, antes de ponerlos a hervir. Se cierran entonces los potes y se hierven al baño maría, como ya se ha dicho antes.

John Seymour   La vida en el campo Ecoaldeas    www ecoaldeas bligoo com John Seymour, gran agricultor autosuficiente
Pocas personas han influido tanto en la concepción de la agricultura y de la vida en el campo como John Seymour. Este pionero de la ecología y de la concepción autosuficiente de la vida en el medio rural nació en 1912 en Londres, pero su familia se mudó cuando él era muy pequeño a una población rodeada de campos de cultivo, lo cual influyó notablemente en el desarrollo posterior de su filosofía de vida.

Estudió ciencias agrarias en el Wye College, adscrito a la Universidad de Londres. Su espíritu aventurero le llevó a viajar por todo el mundo. En Sudáfrica fue encargado de una granja de ovejas y marinero, en Zambia trabajó en las minas de cobre… incluso pasó una larga temporada con los bosquimanos, lo cual le hizo descubrir los secretos de esta tribu de cazadores-recolectores.

Luchó en la Segunda Guerra Mundial, en Etiopía, Ceilán y Birmania y al finalizar el conflicto bélico volvió a Gran Bretaña, pero su espíritu inquieto le llevó de nuevo a viajar, esta vez a la India, donde trabajó en granjas autosuficientes.

Se casó en 1954 con Sally, una ceramista, con quien siguió viajando. Pero cuando tuvieron a su primera hija decidieron que era hora de asentarse. Alquilaron una casa de campo con 2 hectáreas en Suffolk, donde pusieron en práctica sus ideas sobre la vida autosuficiente basada en la agricultura, la ganadería y los oficios tradicionales. Posteriormente se mudaron a otra granja cerca de Newport.

Realmente, John Seymour vivía de manera prácticamente autosuficiente. En sus libros nos enseña cómo llevar a cabo cualquier tarea relacionada con la agricultura y la ganadería, desde el desbroce de un terreno, hasta el calendario de plantación de las hortalizas, pasando por la cría y ordeño de vacas, el techado de construcciones con paja, el aprovechamiento de la energía del agua… Además, su lenguaje es increíblemente cercano y ameno.

Creo que la mayoría de los amantes de los amantes de la naturaleza y la agricultura tenemos algún libro suyo; si todavía no habéis leído sus obras, os recomiendo encarecidamente que lo hagáis, sobretodo “La vida en el campo” (The complete book of self-sufficiency”) y “El horticultor autosuficiente”; ambos cuentan con un contenido buenísimo y unas ilustraciones magníficas. Sus libros pueden encontrarse en las bibliotecas públicas, si no queréis comprarlos. Pero creo que si compráis un libro de Seymour no os arrepentiréis. Yo misma, cuando tengo que realizar alguna labor en el campo, siempre hago caso de sus consejos.

lechuga romana va 1 La deliciosa lechuga
Estamos metidos de lleno en la primavera, y ésta es la época en la que hemos de preparar el huerto para poder recoger la cosecha en verano. Ya es hora de empezar a sembrar y plantar una gran cantidad de especies. Una de ellas es la lechuga.

A estas alturas ya habremos sembrado el semillero con las semillas de lechuga; si no lo hemos hecho, todavía estamos a tiempo. Hay que tener en cuenta que si vivimos en un clima moderadamente frío, como puede ser en la montaña, por ejemplo, habrá que proteger adecuadamente el semillero; no es probable que hiele a estas alturas, pero una protección (un simple plástico valdrá) bien puesta por la noche ayudará a las pequeñas plantitas.

Si preferimos tener una cosecha temprana, en los mercados semanales de los pueblos y en algunos viveros ya tenemos disponibles planteles de lechuga (también de muchas otras verduras). Personalmente, prefiero comprar las plantas de plantel a sembrarlas: no son nada caras, y la plantita no sufre apenas al colocarla en su emplazamiento definitivo en el huerto, pues la tierra que recubre las raíces difícilmente se desprenderá de ellas: viene muy prensada.

Y puestos a expresar más preferencias, os diré que las lechugas que me parecen más fáciles de cultivar son la lechuga romana y la lechuga de Albacete. Tienen unas hojas más oscuras que la lechuga normal, y su sabor es más fuerte; por ello no gustan a todo el mundo, pero a mí me encantan. El secreto para que no sepa tan fuerte es recolectarla cuando aún es joven y sus hojas no se han oscurecido mucho. También siempre nos queda el recurso de atarla por el centro o por su parte superior, para que el interior quede clarito y tierno por no recibir los rayos del sol, aunque con esta lechuga eso no es imprescindible, sino cuestión de gustos. Sus grandes ventajas son que no tienen apenas problemas de plagas y que aguanta muy bien la sequía. Por si fuera poco, el American Institute for Cancer Research incluye la lechuga romana entre los alimentos anticancerígenos.

mariquita con pulgones t12839 Las mariquitas, aliadas del huerto y del jardín
Si nuestro jardín o huerto son ecológicos, hemos de buscar alternativas a los productos insecticidas convencionales, alternativas que se encuentran en la naturaleza, pero que no siempre es fácil encontrar.

El pulgón es un insecto que devora muchas especies de huerto y jardín; por poner un ejemplo, una plaga de pulgones puede atacar gravemente a los rosales. Pero para la agricultura y jardinería ecológicas, los pulgones no representan ningún problema, pues cuentan con un enemigo natural: la mariquita.

Grandes devoradoras de pulgones, tanto verdes como negros, las mariquitas adultas pueden comer hasta cien diarios y su larva hasta cincuenta. Por eso, la mariquita forma parte de los llamados “animales auxiliares”, es decir, de la fauna que, en la naturaleza, desempeña la función de depredadora de los parásitos de las plantas.

Las mariquitas suelen comer sólo pulgones y algún que otro insecto como insectos escamosos y ácaros. Tanto las adultas como las larvas viven en las plantas que tienen pulgones. La ventaja de las larvas es que una vez saciadas de pulgones permanecen en el lugar, no como las adultas que vuelan a otro lugar.

Pero ¿cómo conseguir mariquitas? En este mundo nuestro cada vez más saturado de pesticidas, es una tarea difícil encontrar mariquitas, a no ser que hagamos una excursión a una zona campestre. De todas formas, pueden comprarse en grandes establecimientos de jardinería. En algunas grandes superficies dedicadas a la juguetería venden unos kits de observación de mariquitas; para el caso nos van a servir igual. No os recomiendo comprarlas por internet, pues puede suceder que lleguen a vuestra casa muertas. Aseguraos de que las mariquitas que compréis sean oriundas de Europa, no sea que contribuyamos a propagar especies foráneas…

3404193790 85781136bc El huerto ecológico de los Obama
Ya el año pasado por estas épocas, la primera dama estadounidense Michelle Obama decidió plantar un huerto familiar y ecológico en los jardines de la Casa Blanca. Ésta era una idea que tenían los Obama desde que ocuparon la Casa Blanca en enero.

Entonces pudimos ver cómo 26 alumnos de primaria la ayudaron a arrancar el césped de una amplia área de los jardines y dejar la tierra preparada para sembrar verduras, hortalizas y árboles. Posteriormente, los niños acudieron también para seguir cuidando del huerto y realizar la cosecha. Este año, coincidiendo con la entrada de la primavera, se ha hecho la segunda plantación, a la que no faltó otro grupo de estudiantes, quienes se lo pasaron genial.

primeros frutos casa blanca El huerto ecológico de los Obama
Este huerto tiene un valor simbólico, como ya lo tuvo el “jardín de la victoria” de Eleanor Roosvelt, ejemplo de autosuficiencia durante la Segunda Guerra Mundial y que dio lugar a que se cultivaran 20 millones de pequeños huertos. Lo que pretende ahora Michelle es concienciar a la población para que abandone la comida basura y se alimente más saludablemente, optando además por productos ecológicos y producidos localmente, es decir, cerca de donde uno vive, para así reducir el CO2 resultante del transporte.

El año pasado se plantaron 55 tipos de frutas y verduras diferentes y, a lo largo del año, el huerto dio más de 400 kilos de frutos, de los cuáles muchos se consumieron en la Casa Blanca, pero otros fueron entregados a comedores sociales.

Las variedades que se plantan en el huerto de los Obama son, entre otras, lechuga, rúcula, repollo, zanahorias, guisantes, brócoli, coliflor y también ruibarbo, moras y fresas. Como novedad, esta segunda cosecha también incluirá alcachofas. Habrá asimismo árboles frutales y plantas aromáticas y medicinales.

Es éste un buen ejemplo en un país en el que están proliferando miles de pequeños huertos urbanos, algunos de los cuáles se sitúan en los patios de los colegios.

arandano02 El cultivo del arándano
El arándano es un arbusto pequeño, de hasta medio metro de altura en estado silvestre, que vive originariamente en los bosques, cuyo suelo protege de la erosión. Prefiere los bosques de coníferas y los brezales.

Sus frutos siempre han sido muy apreciados como alimento en países como por ejemplo Polonia, donde pueden llegar a servirte un plato de espagueti con salsa dulce de arándanos. Sin embargo, en esta última década la demanda de estos frutos ha crecido espectacularmente gracias a sus propiedades: son muy ricos en vitaminas y tienen propiedades antiinflamatorias; es curioso que frescos son laxantes y consumidos secos tienen justamente el efecto contrario.

Podemos cultivar arándanos en nuestro jardín o huerto, ya que es un arbusto muy agradecido. Requiere suelos ligeramente ácidos, con un pH de entre 4 y 5, que se mantendrá acidificando el agua de riego si es necesario (si se riega a menudo con agua calcárea el terreno se alcaliniza).

Necesita mucha luz, pero no le gusta el calor excesivo; es por ello que es una planta propia de lugares septentrionales. Tampoco le gusta el viento; así, si nuestro terreno está situado en una zona ventosa, puede ser necesario protegerlo con setos de arbustos, o plantarlos entre árboles que los protejan.

El suelo debe estar siempre húmedo, aunque no encharcado.
Resisten bien las heladas; es más, las bajas temperaturas de los inviernos fríos hacen que la floración no se adelante y así ésta será más abundante y uniforme.

Hay muchas subvariedades de arándano dentro de las tres básicas: negro, rojo y azul. Como es una planta autopolinizante, no necesitamos plantar más que una variedad para que dé frutos, aunque éstos serán de mayor calidad si plantamos varias especies.

arándanos cultivo El cultivo del arándano
Los arándanos se plantan en otoño a una distancia de 3 metros entre hileras y 1,5 metros entre plantas. Los frutos maduran en verano y la producción media es de 1 kilo por metro cuadrado. ¡No hay que olvidar proteger los frutos con mallas! Los pájaros los encuentran tan sabrosos que no pueden resistirse a ellos.

calabacín El calabacín, un cultivo muy agradecido
Una de las hortalizas más fáciles de cultivar en un huerto es el calabacín. En las zonas más calurosas de nuestro país ya empieza la temporada de poder sembrarlos; también puede hacerse bajo invernadero si hace un poco de fresco por las noches. En las zonas más frías todavía habrá que esperar entre un mes o mes y medio. Se ponen tres semillas en cada agujero. Si se nos pasa la temporada de siembra no hay por qué preocuparse, puesto que es muy fácil conseguir planteles de calabacín.

El calabacín necesita un suelo bien abonado con estiércol. No tiene problemas con los suelos calizos, en los que prospera perfectamente.

Hay que tener en cuenta que las matas de calabacín alcanzan un tamaño considerable; por ello se plantarán con una distancia mínima de metro y medio entre cada mata. Crecen más en anchura que en altura, aunque hay alguna variedad trepadora, que necesita ser emparrada. Hay que cuidar de que no sufran de escasez de agua.

Las flores del calabacín son espectaculares: muy grandes y de color amarillo-anaranjado. Hay agricultores que las consumen crudas en ensalada o fritas, rebozadas o no. Son deliciosas. Pero no hay que abusar, ya que si nos las comemos todas ¡nos quedaremos sin frutos!. Normalmente son polinizadas por los insectos, aunque hay agricultores que ayudan en la polinización, espolvoreando con un pincel polen de las flores masculinas sobre las femeninas, que son las que tienen en su parte central un engrosamiento que recuerda a un calabacín muy pequeñito.

Cuando los frutos crecen tocan el suelo, debido al peso. Cuando llega este momento es conveniente aislarlo con un trozo de madera, de pizarra o de plástico. Esto se hace para evitar que se pudra; de todas formas, he visto plantaciones de calabacín sin protecciones de este tipo cuyos frutos prosperaban sin ningún problema.

Los calabacines se recolectan cuando tienen un tamaño entre pequeño y mediano. Seguramente alguna vez hemos visto un calabacín enorme y, la verdad, tienen un aspecto hermosísimo. Sin embargo, no vale la pena dejar que se hagan tan grandes, pues tendrán demasiadas pepitas y su carne será tan esponjosa que no será tan agradable de comer. La planta del calabacín da tantos frutos que tendréis que regalarlos.