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Los caracoles son unos animales invertebrados que se alimentan de sustancias de origen vegetal y animal. Un proporción equilibrada de estos moluscos en el jardín servirá como sistema de eliminación de tejidos enfermos y restos vegetales deteriorados. Pero cuando aumenta su población se convierten en un auténtico problema.

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Es una especie nocturna aunque también habita en las zonas umbrías y húmedas. Esta preferencia explica su repentina aparición después de una lluvia seguida de la aparición del sol. Prefieren los brotes tiernos y las plantas de invernadero donde realmente se vuelven muy voraces. Podemos saber que una planta está siendo afectada por caracoles cuando hay grandes perforaciones en las hojas o tallos blandos comidos. Una característica muy identificadora es una hoja comida por el centro, es decir, con un agujero. Debido a la anatomía del caracol y la disposición de su boca (rádula), es de los pocos invertebrados que puede dejar esa huella.

La mejor arma contra estos moluscos es disponer de un jardín donde se hayan asentado sus depredadores naturales. Ranas, sapos, pájaros y musarañas gustan de comer caracoles y mantienen la población a raya. Sin embargo no todo el mundo está dispuesto a convivir con estos simpáticos animales o bien estos no han decidido colonizar nuestra zona. Para estos casos podemos recurrir a métodos preventivos como son establecer una zona de defensa alrededor de las plantas a base de serrín seco o arena áspera. Tampoco les gusta mucho la presencia de plantas de mostaza, capuchina, helechos o tomates, que podemos intercalar con nuestros cultivos habituales.

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Si, pese a todo, no hay manera de eliminar la plaga podemos utilizar otros métodos. La recogida manual por la mañana de los que nos encontremos en las plantas es muy efectiva, sobre todo en épocas previas a la reproducción. En caso de querer usar la lucha biológica distribuiremos por el jardín recipientes llenos de cerveza. Su aroma es irresistible para los caracoles y se ahogarán en su interior. Para la lucha química existen una amplia gama de productos, principalmente los basados en cobre en forma de granulado. Se aplican directamente sobre el terreno siempre que no vayamos a regar o preveamos que va a llover y desecan las partes blandas de los moluscos, dejando sólo la concha.