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Resulta difícil detectar la presencia de cochinillas en nuestras plantas, ya que anida en partes poco visibles, pero una vez descubiertas es fácil librarse de ellas. Cualquier especies puede sufrir sus efectos: arces, olmos, hayas, aligustres, hiedras, palmeras, cedros, evónimos, chopos y un largo etcétera. Ni siquiera las plantas de interior se encuentran a salvo: el ambiente seco que produce la calefacción en invierno fomenta su aparición. Suelen provocar deformaciones y pérdida de color en los brotes jóvenes, caída de las hojas sin causa aparente y agujeros en los plantones y en el follaje tierno. Ante un ataque masivo notaremos su presencia porque las hojas estarán pegajosas.

Cuesta mucho controlar su propagación ya que tiene un caparazón que protege los huevos y las larvas. Para prevenir deberemos hacer un tratamiento con algún producto específico en mayo-junio, acompañado de un abono foliar para las plantas afectadas y repetiremos a las tres semanas el mismo proceso. Al alimentarse de la savia y favorecer el desarrollo del hongo fumagina o negrilla, las cochinillas menguan el vigor de la planta, por lo que hay que tratarlas en cuanto aparecen, normalmente durante la primavera.

En el cedro ( Cedrus sp.) los ataques de la cochinilla Nuculapis regnieri, a veces mortales, se confirman con la aparición de unos escudos, parecidos a escamas blancas, sobre las acículas y en las axilas de inserción sobre las ramas. Los más sensibles son los cedros del Atlas y del Himalaya. El tratamiento debe ser inmediato una vez detectada la plaga.

La cochinilla del rosal ( Aulacaspis rosae) ataca a esta planta tanto en los jardines como en estado silvestre. Habita en su parte leñosa y en ciertos casos los recubre con sus escudos blancos, pudiendo provocar la muerte. Si hemos realizado en primavera los tratamientos preventivos antipulgón seguramente las cochinillas no aparecerán sobre los rosales en todo el verano, pero si aparecen aplicaremos la misma solución que con los cedros.

En la kentia ( Howea forsteriana) el ambiente seco de la casa por la calefacción puede provocar la aparición de la cochinilla. Invade hojas y tallos, de donde succiona la savia y depositan sus excreciones resinosas. Suele estar inmóvil, pero a veces se desplaza por la planta para buscar más alimento. En caso de invasión pequeña aplicaremos agua jabonosa o alcohol con un pincel o una esponja directamente sobre las cochinillas. Si el ataque es masivo es mejor recurrir a productos específicos para su tratamiento.

El laurel tiene también su propia cochinilla, Aonidia lauri, que ataca a las hojas, el tronco y las ramas, produciendo la caída del follaje y el agotamiento de la planta. Además, se ve acompañado de unos puntos amarillos en las hojas, decoloración y enrollamiento por las picaduras. En estos casos es muy necesario tratar urgentemente, ya que se asocia con facilidad otra plaga, la negrilla, un hongo muy peligroso para el laurel.