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La roya es un hongo que afecta a muchas especies de plantas, especialmente a los rosales. Una vez que se manifiesta es bastante difícil de eliminar y produce un efecto estético lamentable. Su ambiente preferido es el húmedo. Cuando llegan las lluvias prolifera a gran velocidad pero realmente se manifiesta visiblemente al cabo de dos meses.

Un primer síntoma que podemos observar es la aparición de verrugones de diferentes colores en nuestras hojas. A continuación surgen unas manchas amarillentas que se tornan en pardas, como del color del óxido. El problema no es sólo estético ya que deseca las hojas, los frutos y el tronco, pudiendo matar a la planta.

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Existen muchas clases de roya que clasificamos en función de su color visible. La negra, la marrón, la amarilla o la anaranjada, todas son la misma enfermedad y se propaga por hortalizas, frutales o plantas ornamentales. El rosal, como decíamos, es su principal víctima aunque también los sufren geráneos, alhelíes, cornejos, manzanos, tomates y un largo etcétera. Ante una agresión tan generalizada nuestras medidas tienen que ser aplicadas a todo el jardín.

Realmente la única manera de evitar la roya es la prevención. Primero hay que retirar y quemar todas aquellas hojas infectadas del año anterior. Deberemos tratar nuestras plantas con aceite mineral combinado con fungicida. a fin de eliminar las esporas que se depositaron antes del otoño. De esta forma y con tratamientos cada 15 días durante dos meses, reduciremos la posibilidad de aparición de la enfermedad. Es importante no utilizar los residuos vegetales infectados en nuestro compost ya que propagaremos la plaga en un futuro.

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Hay que recordar que las partes dañadas de una planta con roya no se recuperan nunca, por lo que deberemos permanecer atentos a los primeros síntomas. Los mejores amigos de la roya son la humedad alta y las temperaturas moderadas así que los riegos nocturnos deben ser eliminados cuando acabe el verano. Respecto a la lluvia no podemos hacer nada, tan solo disponer de un buen sistema de drenaje que evite la formación de charcos.