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Una tierra rica en elementos minerales y con un buen drenaje es la mejor garantía para un buen arranque de las plantas. Es el momento de prepararla y corregir las posibles carencias alimentarias que se den. El humus es el mejor acondicionador del suelo: lo nutre y ayuda a retener el agua, al tiempo que mejora el drenaje. Al menos un mes antes de preparar una plantación, aportaremos materia orgánica en forma de estiércol bien fermentado o compost. En el mercado hay fertilizantes que combinan elementos de síntesis y biológicos, estupendos para agregarlos en la preparación del terreno.

Desde mediados de agosto podemos sembrar el llamado abono verde, que aporta buenas reservas de nitrógeno al suelo, además de drenarlo gracias a sus raíces profundas. Por cada metro cuadrado sembraremos unos 25 gramos de guisantes, haba menor o altramuces, o 2 gramos de trébol. También podemos utilizar mostaza, colza o judía, especies que proporcionan hojas grandes en poco tiempo, si los cuidados son adecuados. El enterrado del abono verde debe hacerse en primavera, pero durante el otoño no debe faltar humedad al suelo ni la presencia de potasio, fósforo y cal.

El gran volumen de desperdicios que genera el jardín en otoño ( hojas secas, ramas, flores marchitas, etc.) unido a una alta humedad ambiental, hace que sea la mejor época para hacer compost. Depositaremos una capa de desechos y encima otra de compost madura o buena tierra de jardín e iremos alternando las capas. Para que se descomponga debe estar húmedo y bien aireado.

La pradera de césped necesita un abonado superficial como parte del programa de renovación de otoño. Consiste en esparcir una capa de 1 ó 2 centímetros de mantillo, o bien, una mezcla de marga, arena y materia orgánica. Además de mejorar el estado de césped y la estructura de su suelo, hará desaparecer las irregularidades. Antes de aplicarlo es necesario hacer una siega, airear y escarificar.

Cuando vayamos a poner plantas cerca de un muro es necesario hacer una enmienda profunda del terreno, ya que estos suelos suelen ser pedregosos y pobre y las plantas podrían sufrir desecación y carencias nutricionales. Para mejorarlo lo mejor es aplicar una gran cantidad de materia orgánica y alejar las plantas unos 45 centímetros como mínimo de la pared.