Cómo cuidar las rosas en primavera
Se acerca la época de la floración de unas de las plantas más cultivadas en los jardines de todo el mundo: las rosas. Pronto empezarán a deleitarnos con sus flores y su aroma. Pero para que florezcan en abundancia hay que darles todos los cuidados que necesitan, y más en esta época.

Tras el frío del invierno, los rosales, que habían quedado desnudos, empezarán a echar brotes, y pronto los tendremos llenos de tiernas hojitas. Entonces hay que empezar a cuidarlos con más esmero que durante la temporada invernal.

Lo primero que hemos de aumentar es la frecuencia de riego. El rosal es una planta que aguanta muy bien la sequía, por lo cual no hay que regarla mucho. Hay quien en invierno no la riega en absoluto, a no ser que la tenga en maceta. Ahora en primavera todavía no hace mucho calor, por lo que podemos regar el rosal una vez por semana, o una vez cada quince días si vivimos en una zona que es húmeda. Con el riego de los rosales siempre es mejor quedarse cortos, ya que si el suelo queda encharcado durante varias horas se corre el riesgo de que se pudran las raíces. Otra precaución: hay que ir con cuidado de no mojar las hojas ni las flores, pues podrían coger hongos.

En cuanto al abonado, la mejor época para realizarlo es a finales de invierno, pero todavía estamos a tiempo. ¿Y qué tipo de abono? Pues os respondería lo que suelo decir siempre: el estiércol de animales que pastan en libertad es el mejor abono que se puede encontrar (no el estiércol de granja), es decir, de oveja, cabra… Si no podéis conseguirlo, bastará un abono multimineral. El abono se aplica cavando con la azada a muy poca profundidad, para no dañar las raíces, y mezclándolo con la tierra.