Cómo limpiar las plantas según sus hojas
Para muchos, las plantas son un pequeño tesoro que requiere una atención continua. Y esto es del todo cierto, pues además de los cuidados que solemos tener como la poda, el regado o la eliminación de las hojas marchitas, existen otros cuidados que a veces no se nos pasan por la cabeza.

La salud y la apariencia de nuestras plantas depende también de su limpieza, y no en el sentido de la poda sino en el sentido más literal de la palabra: debemos eliminar de sus hojas el polvo y la suciedad que se pueda acumular en ellas puesto que si están cubiertas de sustancias absorben menor cantidad de luz y realizan una fotosíntesis menos cualitativa y eficiente.

Cada tipo de hoja tiene una manera distinta de ser limpiada; echa un vistazo a las tres grandes categorías que te indicamos y al proceso en cada una de ellas.

Las plantas de hojas más grandes y brillantes como la maranta o la calatea deben limpiarse con un trapito o una esponja empapada con agua a temperatura ambiente (ni muy fría ni caliente) y con algo de detergente que no contenga demasiados químicos y sea biodegradable para no hacer daño a la planta. Sujétalas cuando las limpies cada 10 días para que no se rompan.

Las plantas de hojas aterciopeladas y los cactus puedes limpiarlos con cepillitos de púas muy suaves, como los que se utilizan durante los primeros meses para los bebés. Frota ligeramente en ellas sin quitarles el suave tacto que tienen a base del roce.

Para las hojas de pequeño tamaño como las de los helechos o los cissus, lo mejor es que te hagas con un pulverizador lleno de agua y las empapes para conseguir que el polvo desaparezca por sí sólo.

Aunque podrás leer que es bueno limpiarlas con vinagre, cerveza o aceite no te fíes del todo, ya que lo que puede ser simplemente correcto para una planta (que no beneficioso) puede no serlo para otra.