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Tener unas flores perfectas es una tarea más sencilla de lo que parece. Tan solo debe seguir estos consejos y las plantas lo agradecerán enormemente.

Mejorar el suelo antes de plantar: Para que las plantas den muchas flores requieren de un suelo adecuado y nutritivo. Si la tierra del jardín no es la apropiada ( poco fértil, arenosa o compacta) es mejor añadir materia orgánica antes de plantar. Tanto el estiércol como el compost de jardín, así como el mantillo bien descompuesto puede aplicarse un mes antes de la plantación, con resultados excelentes.

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Asegurar el drenaje: De nada sirve usar un sustrato magnífico en los recipientes si el agua de riego se estanca. Si esto ocurre las raíces acaban pudriéndose y eso repercutirá en una escasez de flores. Por eso hay que asegurarse de que las macetas tengan orificios en su base por donde salga el agua y antes de llenarlas con sustrato colocaremos unos trozos de tiestos rotos o cascotes en el fondo, para que no se tapone dicho agujero.

No mojar ni hojas ni flores: Si se mojan y no se evapora el agua rápidamente corremos el peligro de sufrir de pudriciones e invasiones de hongos. Hay que evitar el riego aéreo ( difusión y aspersión) sobre las plantas que estén en plena floración y si usamos regadera dirigiremos el extremo hacia la base de las plantas. El terreno no debe levantarse por un exceso de presión del agua y, cuando el tamaño y el peso lo permita, es mejor introducir las macetas en un recipiente con agua durante unos minutos.

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Despuntar las plantas: Al poco tiempo de ser plantadas se pueden eliminar los ápices terminales para que la planta se haga más frondosa y produzca más flores. Tan solo hay que utilizar las uñas como si fueran unas tijeras. En caso de que sólo queramos una flor de gran tamaño haremos lo contrario, eliminar los vástagos laterales.

Quitar las flores marchitas: Cuanto antes mejor, esa es la clave. Cuando empecemos a tener flores marchitas no hay que pensar que se ha acabado el ciclo de floración por ese año. Lo importante es evitar que la planta consuma recursos produciendo el fruto ( siempre que no sea esto lo que queramos obtener) y los reserve para darnos más flores. Los tallos florales deben ser cortados cerca de la base, con lo dedos o con tijeras de podar, sin producir desgarros.

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Dividir las plantas: De esta forma siempre tendremos plantas jóvenes. Los ejemplares viejos pueden dejar de florecer con el paso de los años pero eso no significa que debamos sustituirlos. Con una horquilla y algo de cuidado extraeremos la planta de su ubicación y quitaremos las partes secas centrales. Después tan solo hay que partir en varios trozos asegurándonos de que cada planta porta sus raíces. Lo plantamos enseguida y regamos, en poco tiempo comenzará a emitir brotes nuevos y florecientes.

Eliminar las plagas: Defender nuestras flores de los problemas habituales es sencillo. Para los caracoles, trampas de cerveza y retirada manual. Para los pulgones, mosca blanca y otros insectos prepararemos una mezcla de dos cucharadas de escamas de jabón neutro en un litro de agua. Esto actuará como barrera ante posibles intrusos y, en caso de invasión, eliminará limpiamente las plagas. El agua jabonosa tiene tres ventajas, como preventivo, como insecticida y como abono, ya que aportará sales de potasio diluidas.

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Usar abono para las flores: No basta con el agua jabonosa, las plantas consumen muchos nutrientes cuando florecen. Los abonos ricos en nitrógeno se usan para las plantas que destacan por su follaje pero no se recomiendan en las que se valoran por sus flores. Buscaremos productos ricos en potasio, aplicados en dilución con el riego, cada quince o veinte días desde que aparezcan los primeros capullos.