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Cada vez existen más jardines particulares donde se instalan praderas de césped. Debido a la particularidad de su mantenimiento existen algunos mitos y errores comunes que conviene aclarar, ya que eso redundará en un mejor mantenimiento de la pradera. La siega, una de las tareas principales, es donde más problemas podemos encontrarnos por lo que es importante seguir estos consejos.

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Cortar con regularidad el césped nos permitirá mantenerlo sano y bello, pero no reduciremos su consumo de agua y, por tanto, no podremos espaciar los riegos, ya que tras cada siega se deberá regar de manera copiosa. Tomaremos como norma regar a fondo el césped con siegas frecuentes durante los meses de verano y algo menos los más altos. Para que el agua no se desperdicie, mantendremos el césped con un buen drenaje. Si fuera necesario, puede airearse con un rastrillo de púas de acero flexible para descompactar el suelo en superficie.

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El corte riguroso debilita el césped y permite el establecimiento de musgos y hierbajos. Y si se deja que la hierba crezca alta, las gruesas se volverán dominantes y las finas se deteriorarán. Lo mejor es segar con regularidad, pero sin eliminar más de un tercio del desarrollo de los follajes cada vez. La frecuencia normal es una vez a la semana.

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Con el cepillado levantaremos las hojas y lograremos un mejor corte, por lo que pasar la escoba antes es algo aconsejable. Además, si lo hacemos por la mañana temprano, ayudaremos a eliminar el rocío, secando la superficie y facilitando la siega. Si las cuchillas no están bien afiladas o bien ajustada pueden aparecer zonas con hierba desgarrada y el corte será irregular. Es muy recomendable revisar el cortacésped y hacer los ajustes y reparaciones necesarios cada cierto tiempo.

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En céspedes de buena calidad donde se requiere un acabado perfecto, hay que recoger los recortes tras la siega, para evitar la acumulación de barda, la difusión de malezas y la aparición de gusanos. Sin embargo, a los utilitarios, les vendrá bien una delgada capa de estos recortes cada cierto tiempo. Sirve de mulching que reduce la evaporación, protege el césped del desgasta y, si hay lombrices, estas los reciclan, devolviendo los nutrientes de las plantas al suelo.

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Nunca segaremos la pradera si está húmeda, bien porque hayamos regado o porque haya llovido, ya que la hierba mojada podría atascar el cortacésped o hacer que patine. Retrasaremos también la operación en las épocas de sequía y de heladas. Si no tenemos más remedio que hacerlo durante una sequía, colocaremos las cuchillas a una altura de corte mayor que la habitual para reducir los daños.