Cuidados de la Clivia Miniata
Alegre, llamativa y energizante… Así es la Clivia, una de las plantas de más bella floración de la primavera.

Se trata de una planta perenne originaria del sur de África cultivable en climas cálidos o suaves como el mediterráneo. A pesar del poco exigente cultivo de esta planta y de la facilidad de sus cuidados, la Clivia Miniata es un agradecidísimo ejemplar que nos regala unas bellísimas flores de intenso color naranja, rojo, amarillo o blanco entre las largas hojas planas y oscuras.

Este ejemplar puede plantarse tanto en exteriores como en interiores. Lo más importante es que la zona en que la ubiques esté bien iluminada a la vez protegida de los intensos rayos del sol, que la deshidratarían. Los espacios a la semisombra y las temperaturas templadas son el clima ideal para su desarrollo.

No obstante, si quieres que la planta florezca de año en año debes tener en cuenta también que necesitará un periodo de reposo tras su última floración: Cuando las flores se marchiten debes cortarlas, lo que evitará que produzcan frutos y que se recuperen para la próxima primavera. En este periodo es imprescindible que la planta se encuentre en espacios no calefactados entre los 8 y los 15º y también que no sea demasiado frecuentemente regada.

Una vez acabe este periodo de reposo debes volver a regarla con normalidad, para lo que será suficiente con un riego ligero para humedecer el sustrato y refrescar las hojas con agua para mantenerlas limpias y frescas. Los cambios de riego durante el año deben ser progresivos, pues un riego excesivo podría pudrir sus raíces (asegúrate de que tiene un buen drenaje).

En cuanto al abono de la tierra, será suficiente con añadir una solución de abono líquido al agua de riego una vez cada quince días durante los meses que van de marzo a septiembre.

Aunque como hemos dicho anteriormente la Clivia florece en primavera, los ejemplares más antiguos también pueden tener una segunda floración en otoño.