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La brotación no se produce hasta la primavera, por lo en esta época no conviene someter al seto a severas podas como la de rejuvenecimiento, que deja al descubierto la madera para evitar la falta de vegetación en la parte central de las plantas. Si efectuamos este drástico recorte causaremos la apertura de vías de acceso a plagas y enfermedades. Si nuestro seto está deformado y muy grueso debido a los reiterados recortes es mejor esperar a otro momento del año para rejuvenecerlo

Los setos que florecen al final del inverno sobre madera del año anterior, como el de Forsythia, se podan acabada la floración. Los que lo hacen al finales de primavera sobre la nueva ramificación del año en curso, por ejemplo Buddleia davidii, deben podarse en inverno, antes de que la savia comience a circular y cuando no hay peligro de heladas. Los setos de Cupressocyparis leylandii necesitan 3-5 recortes, cuando el brote alcance unos 30 centímetros, en abril.

Si tenemos un seto de espino de fuego, agracejo, acebo, cotoneáster, durillo o cualquier otro arbusto bayífero, practicaremos ahora un ligero despunte. Florecen en verano para, más tarde, desarrollar unos tallos estériles que nacen a partir de las flores. Eliminando esas pequeñas ramas fortaleceremos la brotada al tiempo que se descubren sus frutos.

Ahora es la mejor época para realizar pequeños recortes. El frío provoca un descanso vegetativo en las plantas, por lo que la cicatrización de las heridas producidas es mucho más rápida. Con las tijeras de podar arreglaremos los setos, procurando no desgarrar las ramas. Para ello afilaremos las tijeras previamente y, después del corte, aplicaremos a las ramas un tratamiento fitosanitarios preventivo, como antiamarronamientos o insecticidas y fungicidas polivalentes.

Mientra dura el letargo del seto sólo hay que realizar escardas ligeras en su base para eliminar la vegetación adventicia que invade las proximidades de las plantas y compiten por el alimento. A partir de abril, coincidiendo con el comienzo de la época de riegos, deberemos cavar una zanja para facilitar la entrada de aire a las raíces. Pero, hasta entonces, conviene dejar el terreno compactado para evitar enfermedades fúngicas.