Cuidados de la Kentia
Aunque a menudo no sabríamos reconocer a muchísimas plantas por su nombre, a veces solo basta con echar un vistazo a su imagen para establecer una relación.

Probablemente éste sea el caso de la Kentia, una de las plantas de interior más comúnmente utilizadas para la decoración de los hogares. Presta atención a los cuidados que requiere y conseguirás mantenerla muchos años.

La kentia es una planta de ejemplar resistencia y fácil cultivo en muchos sentidos: En primer lugar porque, a pesar de que prefiere los climas cálidos de temperaturas altas, esta planta puede aguantar hasta los climas por debajo de los 0º (hasta -5ºC durante unas horas).

Otro elemento importante que hace que tenga un cultivo agradecido es que a pesar de desarrollarse mejor en ambientes muy iluminados es también resistente a la débil y escasa iluminación del interior de los hogares, si bien sí que no acepta espacios expuestos a fuentes de calor demasiado intensas (radiadores, por ejemplo) que las resecan ni a espacios con demasiadas corrientes.

En lo que a cuestiones de riego se refiere, la Kentia agradecerá que pulverices agua sobre sus hojas de tanto en cuanto para hidratarlas, así como necesitará que la riegues un par de veces por semana en verano y una o dos veces al mes durante los meses más fríos del año. De hecho, un exceso de agua en invierno podría provocar un encharcamiento que haría menguar gravemente su salud (por eso es importante que tengan un buen drenaje).

A pesar de su resistencia, esta palmera también corre riesgos y podría sufrir plagas como la cochinilla, la araña roja y los trips así como afecciones en la superficie como las puntas marrones y las hojas amarillentas en caso de falta de hidratación o la podredumbre en el tallo por falta de ventilación o un riego excesivo.