Cuidados de la melisa
La melisa es una de las plantas que mejor sirven para cocinar ya que sus hojas le aportan un ligero toque de limón a cualquier plato, así que es ideal para utilizar en sopas, carnes, guisos, postres, pescados y hasta ensaladas. Además, tiene aceites esenciales, así que ayudan a relajarte y a aliviar el estrés, especialmente si te haces infusiones con ellas.

También es muy buena para combatir el insomnio, las palpitaciones y hasta para aliviar los dolores que la menstruación suele causar en las mujeres. Si la plantas en maceta y la cuidas bien del frío que hace en invierno podrás disfrutar todo el año de ella, así que procura darle siempre los cuidados necesarios. Toma nota de los cuidados de la melisa para que puedas tenerla siempre en perfectas condiciones:

– Riego: Tiene que ser escaso y durante los meses de más calor del año será suficiente con regarla una vez a la semana. En los meses de invierno puedes incluso no regarla si suele llover en donde vives, aunque procura que no se encharque demasiado pero sí que esté un poquito húmeda. Si la cultivas en maceta sí es bueno que la riegues un poquito más durante el invierno o que la saques al exterior cuando llueva.

– Luz: La melisa se adapta a casi cualquier condición de iluminación, aunque sí es recomendable que las hojas estén en una zona de semi-sombra ya que así se desarrollarán mejor y tendrán mucha más calidad.

– Suelo: Elige uno que tenga un buen drenaje y que sea rico en materia orgánica, aunque si no fuera posible no te preocupes ya que esta planta se adapta también a zonas muy arenosas y pobres, como suelen ser los bordes de los caminos que tengas en el jardín y que es un lugar ideal para plantarlas.

– Multiplicación: Se logra por esquejes en primavera y en otoño, aunque también puedes conseguirla gracias a la técnica de división de mata un año después de cultivarla. Si optas por sembrar semillas lo mejor es que lo hagas durante el verano ya que necesitan mucho calor para poder germinar.

– Abono: Una vez al año deberás ponerle una pequeña dosis de abono orgánico. Hazlo siempre cuando comienza la primavera.