Cuidados de las margaritas
La margarita es una preciosa flor decorativa que transmite frescura, alegría y armonía allá donde se ubican, uno de los mejores ejemplares de nuestro país sin duda alguna.

Esta reconocidísima planta tiene una belleza natural que pronto viene a la mente de cualquiera: unas plantas de entre 25 y 70 centímetros de alto con una flor de hasta 15 centímetros de diámetro con preciosos pétalos alargados en color blanco, naranja, rojo o rosáceo con un botón central amarillo.

Pero lo mejor es sin duda la facilidad de su cultivo, y es que esta planta es lo bastante resistente como para mantenerse perfecta con unos pocos cuidados. Aunque al principio todas las variedades de la planta necesitan un riego diario generoso (las amarillas y reinas algo menos), cuando la planta ya es adulta debemos regarla de dos a tres veces por semana en verano y tan sólo una vez cada quince días en invierno.

Cuidados de las margaritas
En general son ejemplares que precisan estar bajo el sol a unas temperaturas de entre 15 y 25 grados, aunque algunas variedades (como la arbustiva) pueden soportar temperaturas sensiblemente más bajas e incluso adaptarse a la semisombra.

La tierra en que se cultiva debe ser rica en materia orgánica y con un buen drenaje, pues la margarita se ahoga con el estancamiento de agua en las raíces y puede morir.

En cuanto a su floración en primavera, lo mejor es aportar algún suplemento vitamínico a la tierra con un buen fertilizante que favorezca su desarrollo; podarla en otoño, tras la floración de las épocas cálidas puede servir para que la planta se revitalice y salgan en ella nuevos brotes que florecerán durante la siguiente primavera.

Aunque estamos más bien acostumbrados a verlas en ramos o en macetas (donde alcanzan hasta los 50 centímetros), estas plantas pueden llegar a medir hasta dos metros de altura si son cultivadas en el exterior.