Cuidados generales para plantas de interior
Las plantas que cultivamos en el interior de nuestros hogares tienen un doble objetivo, y es que además de decorar cualquiera de los rincones de nuestro hogar sirven para purificar y renovar el aire del ambiente.

Existen un montón de especies y ejemplares distintos, cada uno de ellos con sus características formas, hojas, flores y aromas… Sus cuidados, sin embargo, acostumbran a ser siempre bastante similares.

A continuación te dejamos una pequeña guía con los cuidados generales que deberías mantener, pero no olvides informarte mejor de las condiciones de cada ejemplar en concreto.

Es importante que tengas en cuenta la humedad del sustrato, del ambiente, la entrada de luz, la temperatura, la necesidad de fertilización y el control de algunas enfermedades y plagas que podrían afectarle.

– Riego: Un riego moderado será suficiente, pues aunque no debemos permitir que se seque el sustrato el exceso de agua también será perjudicial para la planta, que puede llegar a ‘ahogarse’. Una vez o dos por semana es una buena media, pero compruébalo siempre hundiendo el dedo en el suelo para comprobar su nivel de humedad.

– Luz: Cada una de ellas requiere una intensidad diferente (que puede ir desde la baja e indirecta hasta la de alta intensidad) así como también una duración distinta en lo que a la exposición se refiere. En general se recomienda una media de 6 a 18 horas diarias en las plantas de interior.

– Suelo: No se suele utilizar tierra natural sino una sustancia conocida como compost o sustrato de enmacetado, que debería suministrar a la planta nutrientes, un buen drenaje y una adecuada aireación.

– Temperatura: Generalmente se desarrollarán bien en climas de entre los 15 y los 25º a los que están la mayoría de los hogares, aunque deberías informarte mejor de cada especie en concreto.

– Fertilizantes: Se utilizan para dar un extra de nutrientes a las plantas, aunque mal utilizado o aplicado en exceso también las puede perjudicar. Utilízalos cuando las veas afectadas con síntomas como las hojas amarillas, la caída de hojas o un desarrollo demasiado lento.