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Antes de adquirir una planta de interior hay que buscarle el lugar adecuado, con la luz que necesita, el espacio que requiere… La mayoría es feliz en estancias bien iluminadas, pero sin sol. Otras, en cambio, son capaces de vivir en pasillos y lugares con poca claridad. A partir de aquí, el cuidado más importante es el riego, sobre todo en verano. Siempre ya que tener en cuenta que prefieren estar secas antes que encharcadas. Proporcionarles un ambiente húmedo también es vital, ya sea rociando el follaje o poniendo un recipiente con agua y guijarros. Abonar, podar, trasplantar… son tareas que se requieren en momentos puntuales. Además, se deben vigilar a menudo para que no hagan acto de presencia las plagas.

La mayoría se riega por arriba, pero a algunas es mejor ponerlas sobre un plato con agua. Después hay que tirar el agua sobrante depositada en el recipiente. El encharcamiento es su peor enemigo. Toleran mejor la sequía que el exceso de agua. En otoño e invierno hay que regar poco. Las plantas se resienten bastante con la calefacción en invierno y las altas temperaturas del verano. La mejor solución consiste en pulverizar de vez en cuando el follaje o colocar un poco de agua que haga las veces de humidificador.

Las plantas que se cultivan en recipientes precisan más nutrientes que las plantadas en el terreno. Las que florecen lo necesitan durante la época de floración. Por regla general, hay que abonar bien las especies de interior entre mediados de primavera y mediados de otoño, cuando se encuentran en pleno crecimiento. La frecuencia varía, pero por término medio se debe añadir fertilizante al agua de riego cada 15-30 días. Las barras y clavos se introducen en el compost y se van liberando poco a poco.

A las plantas no les gusta que les toquen las raíces y cualquier daño interrumpirá su crecimiento. Por eso el trasplante sólo se hará en casos necesarios: cuando las especies son pequeñas, si hay problemas de crecimiento, se ha roto el tiesto… y como mucho una vez al año. Se prepara el recipiente con cascotes en el fondo para mejorar el drenaje, se añade compost y se coloca la planta después de haberla extraído de su antiguo tiesto. Se rellena con más sustrato, afirmando con los dedos y se dejan 2 centímetros entre la superficie de la tierra y el borde del tiesto, regando a continuación.