Cultivar acelgas
Las acelgas son unos vegetales de hojas grandes ideales para utilizar como guarnición en ensaladas o potajes y también para formar parte de un buen combinado de verduras. Son similares a las espinacas así que si te gustan unas te gustarán las otras. Tienen grandes cantidades de vitamina A y suelen tener también mucha sal, de hecho es uno de los vegetales que más tiene.

Las semillas de las acelgas son muy pequeñas y están encerradas en un pequeño fruto en el que caben unas 4, dependiendo del tamaño. La parte comestible es la de las hojas, que son grandes y con forma entre ovalada y acorazonada. Toma nota de cómo cultivar acelgas:

– Luz: No necesita demasiada luz y de hecho se ve perjudicada si recibe demasiada, especialmente si las temperaturas también son altas, así que procura proteger el cultivo y ubicarlo en zonas en las que reciba luz pero no directamente los rayos del sol.

– Temperaturas: Es una especie de clima templado así que se lleva muy bien con las temperaturas medias pero le perjudican mucho los cambios bruscos, ya sea en heladas o en calor excesivo. Si eres capaz de controlar eso no tendrás ningún problema. Durante el desarrollo se recomienda una temperatura mínima de 6ºC y una máxima de 27, aunque lo ideal es entre 15-25ºC.

– Suelo: Necesita suelos que tengan una consistencia media aunque se desarrolla mejor cuando la textura es arcillosa, y lo hace en menor media cuando es arenosa. El suelo ha de ser profundo, permeable, muy absorbentes y ricos en materia orgánica.

– Siembra: Si siembras en semillero tienes que poner una semilla en cada alveolo. De cada semilla suelen surgir varias plantas así que al mes de plantar podrás pasarlas al terreno definitivo de cultivo. Es mejor sembrar siempre primero en semillero ya que una vez que las plantes en el terreno te darán menos problemas para su limpieza. Después debes sembrarla directamente en el huerto, a poder ser durante la primavera aunque puedes hacerlo durante todo el año.

– Riego: Necesita abundante ya que el suelo tiene que estar siempre en un óptimo estado de humedad. Cuando hayas plantado riega diariamente durante una semana sin poner ningún abono. En invierno apenas se riega y en verano será suficiente una vez a la semana, aunque según vayas viendo el terreno ya sabes lo que necesita.

– Abonado o fertilización: Le va muy bien el estiércol seco y el potasio.

– Plagas y enfermedades: Pueden aparecer algunas como el pulgón negro, la mosca de la remolacha, el virus del amarilleo o la pulguilla de la remolacha.