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El género Camellia consta de unas 80 especies de árboles y arbustos de hoja perenne y origen asiático, entre las que destacan la Camellia japonica, que florece a partir de enero, la Camellia sasanqua, en flor durante el otoño, y la Camellia sinensis, de la que se obtiene el té. Son especies resistentes, que prefieren una posición resguardada y un suelo ácido. Se cultivan tanto por sus hojas, ovaladas y brillantes, de color verde oscuro con el envés más claro, como por sus flores, que pueden ser simples, dobles o semidobles y en colores que van desde el blanco, hasta el rojo más intenso, pasando por el rosa.

La Camellia japonica es un arbusto de lento crecimiento que puede cultivarse en el jardín, en grupos o como ejemplar aislado, pero también en recipientes, con una mezcla de cuatro partes de tierra vegetal sin cal, dos de turba y una de arena de río. Destaca por sus flores de gran tamaño, que según las variedades, aparecen en tres períodos: entre octubre y diciembre, diciembre y marzo o marzo y mayo. Prefiere los climas suaves y húmedos, como el atlántico, donde se desarrolla bien en una orientación norte o noreste. Podemos cultivarla también en otras regiones, siembre que esté protegida de las heladas y de los vientos fríos. El cultivo en interior también es posible. Situada en una habitación fresca, con riegos abundantes y rociando el follaje no debería tener problemas, siempre que no las movamos.

Es una especie acidófila, por lo tanto requiere un suelo rico en materia orgánica en descomposición. Al plantar, incorporaremos una buena capa de tierra ácida ( de brezo o castaño), y cada otoño y primavera, compost de hojas, estiércol semidescompuesto, turba o mantillo. Es importante que el suelo tenga un buen drenaje, ya que aunque necesita un elevado grado de humedad, odia el encharcamiento, que puede provocarle podredumbre. Conviene que el agua utilizada para el riego no sea calcárea.

Hay que aprovechar las épocas en las que ya no tiene lugar su floración para plantarla, es decir, en verano o en otoño. No conviene tampoco plantar o trasplantar en plena actividad vegetativa, mejor a primera hora de la mañana o a última de la tarde. En esa misma época aprovecharemos para propagar de forma vegetativa, para conservar sus características. El método más habitual son los esquejes; elegiremos vástagos semimaduros, de 10-15 centímetros, y cortamos justo encima de una hoja. Para que el arraigo sea más rápido impregnamos la base del esqueje con hormonas de enraizamiento. Plantaremos en tiestos con sustrato para semillero, afirmando la estaca y regando a continuación. En 2-4 meses ya podremos transplantar. Los acodos también dan buen resultado en las camelias. Escogeremos un brote flexible, que crezca próximo a la tierra y abrimos una zanja en el suelo de unos 8-10 centímetros de profundidad y con forma de V. Doblamos el brote, lo enterramos y en 18-24 meses habrá arraigado, es entonces cuando podremos separarlo de la planta madre y trasplantarlo.