Las clemátides ( Clematis sp.) más populares son las trepadoras, pero a este género, de la familia Ranunculáceas, pertenecen también plantas herbáceas, como Clematis integrifolia y Clematis recta. La mayoría resiste la intemperie en las zonas templadas y apenas requiere cuidados, salvo riego abundante después de plantar y en verano, así como poda regular para eliminar los tallos viejos, largos o entrecruzados. Los peciolos de las hojas tienen la capacidad de enroscarse a alguna ramilla, pero las bellas flores de pétalos aterciopelados que se abren a modo de estrella son la clave de su encanto.

Sus colores van desde el blanco hasta el púrpura oscuro, pasando por los rojos, rosas y azules. Se dividen en tres grupos, según su tiempo de floración y su hábito. En el primero están las especies de floración temprana, en las primeras semanas de primavera; el segundo grupo lo forman los cultivares tempranos de flores grandes, y el tercero comprende las de floración tardía, los cultivares de flores grandes y los tipos herbáceos, que dan flores sobre el desarrollo de la estación en curso y que duran hasta el otoño.

Gracias a esta variedad, resultan muy versátiles. Las más vigorosas son ideales para camuflar viejos muros, verjas y construcciones poco agradables, para reptar sobre troncos de árboles, tocones y glorietas. Las clases leñosas pueden guiarse sobre espalderas y pérgolas y las herbáceas caer en cascadas sobre las barandillas de las terrazas. Las especies delicadas pueden dejarse tapizando el suelo. Muchas clemátides se adaptan bien al cultivo en contenedor y algunas se pueden cultivar apoyadas en plantas huésped. En cualquier caso hay que recordar que aunque le gusta el aire libre y el so, prefieren tener su base a la sombra fresca en vernos y protegida de las heladas en invierno.

Todas la clemátides requieren semejantes condiciones en cuanto al terreno. En los fértiles, frescos y bien drenados, así como ligeros y neutros o algo alcalinos, tendrán más éxito. Los muy ácidos, empobrecidos o muy pesados, húmedos y fríos producirán un crecimiento pobre. Conviene prepararlo con turba, mantillo o estiércol. Antes de plantar nos aseguraremos de que las estructuras por donde van a trepar son fuertes y sólidas para que aguanten su peso cuando alcance su talla adulta. Instalaremos cada planta en un agujero profundo, de 45 centímetros de anchura y profundidad, al que habremos añadido abono orgánico.