Cultivar la remolacha

La remolacha (Beta vulgaris var. conditiva) es una hortaliza muy apreciada por su sabor y sus propiedades remineralizantes. Fácil de cultivar, crece en cualquier emplazamiento y en casi todos los terrenos, aunque prefiere los fértiles y bien drenados. Los trabajos que aseguran un adecuado desarrollo son el riego abundante y las escardas, para impedir que las malas hierbas colonicen los bancales. Existen numerosas variedades según la forma ( achatadas, cilíndricas o redondeadas) y el color de la raíz ( desde el rojo fuerte al anaranjado, pasando por el blanco). Además, hay variedades tempranas, que se siembran en primavera, y tardía, para plantar en otoño, lo que asegura una cosecha gradual durante gran parte del año.

Aunque se adapta a muchos suelos, las mejores cosechas se consiguen en los profundos, sueltos, frescos, bien drenados, ricos en humos y mullidos. Prefiere un terreno de consistencia media. Los arcillosos producen remolachas con pulpa seca, mientras que los demasiados húmedos les restan sabor. Exigen una tierra rica en materia orgánica bien descompuesta. Se recomienda hacer una estercolado previo a la siembra. Cuanto más tiempo pase entre el abonado y la siembra, mejor. Hay que utilizar estiércol que no sea fresco y no añadirlo nunca durante el cultivo. Los abonos ricos en nitrógeno provocarían un desarrollo exagerado de las hojas en detrimento de las raíces. La remolacha es muy resistente a la salinidad, incluso se ve algo favorecida por su presencia.

La siembra se puede hacer en el suelo en cuanto haya pasado el riesgo de heladas, entre marzo y julio, o usar semilleros protegidos para las más precoces, que se trasladarán al huerto 30-40 días después. Con una siembra gradual, por ejemplo cada 50 días, se disfrutará de remolachas todo el año. A partir de septiembre se siembran las variedades tardías. Se siembra a voleo en hileras distanciadas unos 30 centímetros. Las semillas deben quedar a 2 ó 3 centímetros de profundidad.

Las remolachas necesitan un riego regular,aunque no abundante, sobre todo, durante la germinación y el desarrollo de las raíces. Si pasan sed o la tierra se seca y luego se riegan mucho, las raíces se agrietan y se parten. Es importante controlar las malas hierbas practicando binas y escardas para evitar que compitan con las remolachas. Un acolchado de materia orgánica les vendrá bien para impedir que nazcan los hierbajos, y a la vez mantendrá la humedad en el terreno. En los climas fríos conviene cubrirlas con paja antes de que hiele. Además, el aclareo se repetirá varias veces para conservar una distancia de 15-30 centímetros entre plantas.