Cultivar rutabagas
La rutabaga es una col que tiene la raíz engrosada, recibiendo también el nombre de colinabo, nabicol, nabo de Suecia o Nabo blanco. Pertenece a la familia de las crucíferas y es una planta bienal que puede llegar a alcanzar 25 centímetros de altura y 30 de extensión. La pulpa de la raíz suele ser amarilla, aunque en ocasiones es blanca, mientras que la piel es beige, púrpura o una combinación de ambos.

Sus raíces son de forma irregular, tienen sabor dulce y se consumen cocidas. Su sabor es una mezcla de coles y nabos. Tiene un alto contenido acuoso y su aporte calórico es muy bajo, así que son perfectas para dietas hipocalóricas, especialmente para consumir en ensaladas o en platos cocidos. Forma parte de innumerables platos de la gastronomía china.

Su cultivo

– Suelo: alcanza su máximo esplendor en suelos ligeros y fértiles, con bajos niveles de hidrógeno.

– Siembra: debes sembrar in situ durante la primavera, siempre a 2 cm de profundidad y con hileras a unos 38 centímetros.

Cultivar rutabagas
– Temperatura: no tiene ningún requerimiento especial en este sentido, pero no es bueno que se expongan a temperaturas extremas, ni las que son excesivamente altas como las que son muy bajas y provocan duras heladas.

– Plagas y enfermedades: se ven atacadas principalmente por pulgones, gusanos grises, gorgojos de las coles, oruga de la col y hernia de las coles.

– Cosecha: lo más habitual es que maduren en otoño, aunque como son muy resistentes pueden estar en el suelo hasta ya entrado el invierno. Si hace mucho frío, tápalas para que estén bien protegidas hasta que las retires. Las rutabagas que coseches en invierno debes almacenarlas a cubierto un máximo de cuatro meses.