Cultivo de calabazas
La mayoría estamos acostumbrados a ver las calabazas decoradas en Halloween o directamente troceadas cuando vamos al supermercado en busca de un buen trozo que nos sirva para preparar algunos deliciosos platos.

Si tienes un buen terreno y eres un aficionado a los productos ecológicos cultivados por ti mismo, ¿por qué no te animas también con el cultivo de la calabaza? ¡Conseguirás preciosos ejemplares para cocinar tus mejores platos naturales!

En realidad existen más de 11 variedades de calabazas (verde de España, Totanera, Butternut, confitera…), todas ellas con excelentes usos que van desde el ámbito culinario hasta el medicinal pasando también por su uso como planta ornamental, entre otras cosas.

La calabaza puede crecer en cualquier lugar soleado con temperaturas superiores a los 10ºC, en terrenos de calidad con un buen drenaje (que no se seque con facilidad), ricos en humus y estiércol. Además, el suelo en que lo plantes deberá ser además suficientemente amplio, pues la planta de la calabaza se desarrolla en un espacio de hasta dos metros.

Esta hortaliza puede plantarse por semilla o por trasplante, pues en un primer momento puede sembrarse en semillero protegido si se desea adelantar el cultivo; con el tiempo, la planta deberá trasplantarse cuando las matitas tengan dos o tres hojas a inicios del verano.

La calabaza necesita ser escardada y regada habitualmente, especialmente durante los meses en los que crece con más fuerza.

En cuanto a la recolección, ésta se realiza generalmente durante el otoño: Presta atención cuando tus ejemplares maduren (cambio de color y endurecimiento de su piel) para recogerlos.

Ándate con ojo con las plagas que pueden perjudicar a tus deliciosas hortalizas. Algunas de las más comunes son el pulgón negro, la araña roja, la mosca blanca, las orugas, el oídium, el mildiu o los nematodos, entre otros.