Cultivo del apio
Existen algunas plantas de aquellas que han sido utilizadas de toda la vida por sus excelentes propiedades para favorecer al organismo del ser humano.

Una de ellas es el apio, una planta aromática con magníficas propiedades para el adelgazamiento y también para la hipertensión gracias a su capacidad de deshacer los líquidos sobrantes del cuerpo.

El Apium graveolens (nombre científico del apio) es una planta perfecta para comenzar a cultivar en esta época del año. De hecho, se recomienda plantarlo precisamente de febrero a mayo si queremos obtener una buena cosecha de cara a los meses de septiembre y diciembre.

Para empezar deberás limpiar y abonar el terreno en el que quieras plantarlo, con un suelo bien estercolado en surcos con caballones (salientes o resaltos) de unos 50cm de ancho en el que además se garantice un buen drenaje y suficiente profundidad para el correcto desarrollo de sus raíces.

Tradicionalmente cultivada en climas templados, esta planta agradece desarrollarse en temperaturas cálidas (mínimas de 13-15ºC en semillero y aproximadamente 10ºC en campo). No obstante, también puede resistir las temperaturas más frías del invierno siempre y cuando sepas protegerla de las heladas.

Tras la plantación del apio deberás regar abundantemente la planta, las dos primeras semanas a diario y sin ninguna clase de abono, y a partir de la tercera un par de veces a la semana con algunos microelementos que favorezcan su desarrollo. El riego por aspersión es el que mejor funciona con esta planta, pero también puedes llevar a cabo el riego tradicional.

Para que tus plantas de apio crezcan más fuertes y vigorosas puedes ir cortando los brotes que vayan apareciendo.

En cuanto a las plagas y enfermedades que posiblemente tengamos que combatir se encuentra la mosca del apio, los pulgones y una enfermedad conocida como ‘roya’.