El acebo, un arbusto espinoso y decorativo
El acebo (Ilex aquifolium) se conoce por ser un arbusto de crecimiento muy lento en montes y bosques de cualquier parte del mundo. Puede llegar a medir 10 metros de altura y superar el siglo de vida. Sus hojas son perennes brillantes con un color verde oscuro, sus flores pequeñas y frutos característicos de color rojo. También conviene recordar que las hojas del acebo son las espinas, que sirven para proteger a la planta de avispados roedores, aves y otros animales que quieren hacerse con sus frutos, los cuales son tóxicos para los seres humanos pero muy decorativos para los hogares, especialmente en épocas navideñas.

El acebo es una planta que podemos cultivar perfectamente en el exterior ya que se adapta a cualquier tipo de suelo, siempre que tenga un buen drenaje. Necesita un riego bastante regular en verano y poco frecuente en invierno. Su desarrollo es más óptimo en los climas fríos y húmedos, le gusta estar en las zonas de semisombra. Por otro lado, necesita ser abonado durante la época de crecimiento, eso le permitirá recibir los nutrientes para reproducirse con facilidad mediante esquejes, semillas, injertos y división. Importante saber que no suele adaptarse a los trasplantes, será mejor dejarlo donde las raíces hayan tomado tierra.

El acebo es una planta dioica, de modo que existen ejemplares femeninos y otros masculinos. Los primeros se diferencian por dar frutos en forma de bayas rojas pero necesitan que los masculinos las polinicen. Por lo tanto, si queremos tener árboles con fruto, es necesario plantar ejemplares masculinos y femeninos en un mismo lugar. Además, esto ayuda a que sean más resistentes a parásitos o enfermedades. Pero debemos vigilar el ataque de orugas, pulgones y lecánidos.

El acebo es una especie protegida por lo que está prohibido cortar ramas o arrancar las plantas que crecen de forma espontánea en los bosques.