El cultivo de las fresas
Si disponemos de algún rincón en nuestro jardín o huerto, podemos aprovecharlo para cultivar fresas, pues es ésta una ocupación bien sencilla y agradecida.

Las fresas son plantas de bosque, lo cual ha de tenerse en cuenta a la hora de escoger un lugar para ellas. Prefieren los suelos con mucho humus, aunque también pueden crecer perfectamente en suelos bastante ácidos. En cuanto a su emplazamiento en relación con la luz, lo ideal es tenerlas en lugares donde reciban la luz del sol, pero que también tengan una ligera sombra; como si vivieran en un bosque claro, que es su hábitat. De todas formas, también toleran la sombra y el sol; a pleno sol darán más frutos que en un lugar umbrío.

La mejor época para plantar las fresas es en primavera, ya que de esta forma con suerte podremos tener frutos en verano, pero pueden plantarse en cualquier momento, exceptuando la época de las heladas. Se colocan dejando una distancia de dos palmos entre cada planta y de 75 centímetros entre hileras. Necesitan un suelo rico en abono orgánico o compost.

Cuando el fruto ya está creciendo, es recomendable realizar un acolchado de paja, para evitar malas hierbas y mantener sanas las fresas. Hay que tener en cuenta que los frutos llamarán poderosamente a los pájaros; si vemos que se los están comiendo, protegeremos las fresas con mallas. Una forma sencilla es colocar cuatro palos en forma de asta, dos delante y dos detrás (quizás algún otro entre medio) de la plantación de fresas, y encima poner la malla; es decir, como si montáramos una tienda canadiense.

Por regla general, a principios de verano ya tendremos fresas, a no ser que hayamos escogido una variedad trepadora, en cuyo caso maduran incluso en otoño. Las frutas se arrancan con el rabito, pues si éste se desprende perderán vitaminas. Sólo se quita el rabito en el momento de comerlas.