El cultivo del arándano
El arándano es un arbusto pequeño, de hasta medio metro de altura en estado silvestre, que vive originariamente en los bosques, cuyo suelo protege de la erosión. Prefiere los bosques de coníferas y los brezales.

Sus frutos siempre han sido muy apreciados como alimento en países como por ejemplo Polonia, donde pueden llegar a servirte un plato de espagueti con salsa dulce de arándanos. Sin embargo, en esta última década la demanda de estos frutos ha crecido espectacularmente gracias a sus propiedades: son muy ricos en vitaminas y tienen propiedades antiinflamatorias; es curioso que frescos son laxantes y consumidos secos tienen justamente el efecto contrario.

Podemos cultivar arándanos en nuestro jardín o huerto, ya que es un arbusto muy agradecido. Requiere suelos ligeramente ácidos, con un pH de entre 4 y 5, que se mantendrá acidificando el agua de riego si es necesario (si se riega a menudo con agua calcárea el terreno se alcaliniza).

Necesita mucha luz, pero no le gusta el calor excesivo; es por ello que es una planta propia de lugares septentrionales. Tampoco le gusta el viento; así, si nuestro terreno está situado en una zona ventosa, puede ser necesario protegerlo con setos de arbustos, o plantarlos entre árboles que los protejan.

El suelo debe estar siempre húmedo, aunque no encharcado.
Resisten bien las heladas; es más, las bajas temperaturas de los inviernos fríos hacen que la floración no se adelante y así ésta será más abundante y uniforme.

Hay muchas subvariedades de arándano dentro de las tres básicas: negro, rojo y azul. Como es una planta autopolinizante, no necesitamos plantar más que una variedad para que dé frutos, aunque éstos serán de mayor calidad si plantamos varias especies.

El cultivo del arándano
Los arándanos se plantan en otoño a una distancia de 3 metros entre hileras y 1,5 metros entre plantas. Los frutos maduran en verano y la producción media es de 1 kilo por metro cuadrado. ¡No hay que olvidar proteger los frutos con mallas! Los pájaros los encuentran tan sabrosos que no pueden resistirse a ellos.