El mantenimiento y la poda del seto
Ayer te explicábamos cómo plantar un seto y qué tipo de seto te convenía según tus necesidades, tu espacio y tu propio gusto. Ahora que ya lo has plantado o como mínimo lo has pensado, debes saber cómo mantenerlo.

Si tu seto está recién plantado, no olvides colocar guías o tutores, que no son más que maderos o cañas para conseguir un crecimiento ordenado de las diferentes plantas; el efecto será mejor si a la hora de plantar lo has hecho poniéndolas a la misma altura aproximada.

Asegúrate también de tener siempre libre de malas hierbas tu seto, y ve dando la forma a tu gusto cuando la planta esté llegando al tamaño que necesitas, y no cuando la planta ha acabado de desarrollarse. Favorece el crecimiento de las ramas laterales mientras dejas que las inferiores sean más anchas para que a ellas les pueda llegar también la luz del sol.

La poda es una de las partes más importantes de todo el proceso, pues una poda bien hecha dejará unos resultados exquisitos mientras que podar sin conocimiento o sin ganas puede hacer que todo nuestro trabajo vaya a pique.

Los setos denominados como ‘informales’ como los de rosa, espírea, camelia o hibisco deben dejarse crecer hasta su máximo desarrollo, por lo que no debes podarlo demasiado si no es para eliminar sus ramas muertas.

Los setos ‘formales’ sí que deben recortarse constantemente para conseguir la forma que deseamos: los pequeños (hasta 2 metros, recordemos) deben dejarse crecer hasta la medida máxima y después podar aquellas partes que sobresalen; los más grandes (más de dos metros), hay que podarlos cuando lleguen a 1’5 metros de altura aproximadamente para que se compacte y crezca a lo ancho más que a lo alto (preferiblemente en invierno y primavera, aunque cuantas más veces, mejor). Todos ellos suelen ser más anchos por la parte inferior que por la superior.

Pronto descubriremos cómo dar formas a nuestros setos, pero primero, ¡manos a la obra con su desarrollo!