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Durante el otoño no es necesario hacer grandes riegos, siempre y cuando llueve. Basta con tener las plantas hidratadas con riegos ligeros desde finales de verano para que nuestro jardín conserve una humedad óptima. De esta forma estimularemos la mayor duración de las floraciones y conservaremos el nuevo follaje algo más de tiempo, provocando la caída más tardía de las hojas.

En el inicio de la estación conviene ir espaciando los riegos en el jardín, salvo en el caso de que se presente un otoño seco, en que podrían peligrar los trasplantes, el césped recién sembrado y los árboles y arbustos perennifolios, si no reciben el agua que necesitan. Regaremos una o dos veces por semana. En las plantas de flor hay que evitar mojar el follaje y las flores, porque las hace vulnerables a los hongos.

El exceso de agua en el medio de las plantas es un problema y la recuperación es dificultosa. Para evitarlo, antes de plan comprobamos si hace falta mejorar el drenaje con la adición de materias orgánicas ( turba, compost, mantillo,…) o inorgánicas ( gravilla, arena de río,…). En las macetas dispondremos de una capa de cascotes en el fondo para que el agua sobrante no quede retenida.

Al terminar el verano la utilidad del goteo es mínima y, en invierno, hasta podría estropearse si se queda en el exterior. Podemos enrollar y atar cada tubería por separado, taponando los extremos para que no entre ningún elemento que pueda obstruirlas, y almacenarlas en el cobertizo. Los primeros tramos de cañería, donde están el distribuidor y el programador, pueden permanecer fuera si se tapan.

Cualquier especie que esté ahora produciendo flores necesita más cantidad de agua que el resto. Es el caso de crisantemos, ásteres, rudbequias, brezos y otras muchas. Asimismo, los ejemplares plantados en maceta no suelen siquiera disfrutar del agua de la lluvia, que apenas cala en los sustratos. Si nuestras flores están plantadas en maceta, removeremos con una horquilla el sustrato y esparciremos un fertilizante rico en potasio, tendremos un colorido espectacular.

Otras pequeñas cosas que podemos hacer, por ejemplo, es mojar los acolchados en las horas más frías para que se forme una capa de hielo, que evitará que la temperatura debajo de ellos baje de cero grados, o regar profusamente los arbustos de hoja perenne debido a su capacidad para evaporar agua por transpiración a través de sus hojas incluso en invierno.