El suelo perfecto para cultivar hortalizas
El suelo es uno de los factores más importantes que debes tener en cuenta a la hora de preparar cultivo, y es que un suelo de mala calidad o que no tiene las características adecuadas para cada cultivo puede echarlo por tierra. Así pues, hay que conseguir siempre que el suelo sea el perfecto para cada tipo de cultivo, y en este caso me gustaría centrarme en las hortalizas, que suelen ser los productos que más se cultivan en huertos e invernaderos.

Entre las características que debe tener el suelo para hortalizas están el que debe ser profundo, tener estructura migajosa, ser mullido y esponjoso, fácil de trabajar, tener un buen drenaje, tener buena capacidad para retener nutrientes minerales o ser muy rico en nutrientes minerales. Pasemos a ver las más importantes con detalle:

Suelo profundo y mullido

Cuanto más profundo sea el suelo, más espacio tendrán las raíces para extenderse, con lo que los cultivo podrán crecer más. Procura que la profundidad sea amplia y que no haya piedras, rocas u otros elementos a cierta profundidad que puedan entorpecer el crecimiento. También debe ser un suelo mullido, migajoso y aireado, lo que conseguirás aportando materia orgánica y, si puedes, arena de río.

Perfecto para el agua

Con respecto al agua, hay varias cosas a tener en cuenta. En primer lugar, tiene que tener una buena capacidad para retenerla, algo que hacen muy bien los suelos arcillosos ya que la almacenan y no hay que regar tanto. Por contra, los suelos arenosos son muy secos y no retienen bien el agua. Hay que encontrar el equilibrio entre uno y otro. También es indispensable un buen drenaje para que el agua pueda fluir como debe y que no se quede demasiado tiempo como para pudrir las raíces.

Nutrientes

En lo que a nutrientes se refiere, también hay varias cosas que debes tener en cuenta, como que los suelos arcillosos son los mejores para retenerlos. En otro tipo de suelos, especialmente en los arenosos, el agua puede arrastrar el nitrógeno, azufre, potasio o hierro, con lo que se pierden todas sus propiedades y el suelo no se nutre de forma correcta. Aporta estiércol, mantillo, compost o turba para que tenga más nutrientes.

Es indispensable que tenga nutrientes minerales, en concreto estos 13: nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, azufre, magnesio, hierro, zinc, manganeso, boro, cobre, cloro y molibdeno.

El pH, importantísimo

El pH del suelo tiene que estar entre el 5,5 y el 8, y si estuviera fuera de esos valores deberías corregirlo. Por suerte, el 80% de los suelos tienen ese pH, así que es probable que no debas hacerle nada pero sí que debes comprobarlo para asegurarte de que está entre esos valores.