Frecuencia de la aplicación de los fertilizantes
Los fertilizantes son nutrientes de origen mineral creados por la mano del hombre. Los elementos nutrientes se encuentran, en diversas proporciones, en todas las tierras y en los abonos orgánicos, pero las plantas, al crecer, los agotan y deben reponerse mediante la adición sistemática de abonos y fertilizantes, usados de manera conjunta. Los fertilizantes se componen de tres elementos básicos: nitrógeno, fósforo y potasio.

Así, el uso del fertilizante es esencial para cualquier jardín, ya que garantiza que las plantas se mantengan saludables y bien nutridas durante la época de crecimiento. Sin embargo, es muy importante saber el momento correcto en que se debe aplicar. Te lo explicamos a continuación.

Primera aplicación

Lo mejor es aplicar el fertilizante a principios de la primavera, ya que durante ese periodo las plantas están emergiendo de su estado de reposo y necesitan una mayor cantidad de nutrientes en un corto periodo de tiempo al empezar el primer crecimiento de la estación.

Al producir hojas y flores durante esta etapa, las plantas necesitan más nutrientes para sostener la energía necesaria para su desarrollo. Si se usan fertilizantes de liberación lenta, se le ofrecerá a las plantas los nutrientes adecuados durante más tiempo.

Frecuencia de la aplicación de los fertilizantes

Segunda aplicación

Algunas especies también se benefician de una segunda aplicación de fertilizante al final de la primavera y principios del verano. Estos nutrientes extras ofrecen energía para que las plantas sigan creciendo con salud. Eso sí, es importante aplicar este fertilizante de más solo si las plantas lo necesitan y si el suelo está lo suficientemente húmedo para dispersar el fertilizante uniformemente.

Cantidad de fertilizante

Por último, es importante acertar con la cantidad correcta de fertilizante. Para aplicarlo deberás colocar el producto alrededor de la base de la planta, siempre evitando aplicarlo directamente en la raíz, ya que el fertilizante húmedo puede promover el crecimiento de bacterias u hongos que pueden dañar las plantas de tu jardín.