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La plantación de pequeños árboles y, en concreto, de frutales, no está sólo reservada a quienes dispongan de mucho espacio. La terraza o el patio son también lugares adecuados si los cultivamos en maceta. Los frutales en macetas deben contar con una mezcla compuesta en un 50 por ciento por tierra de jardín fértil y que drene bien y el resto por turba negra, sustrato universal para plantaciones y arena de río a partes iguales.

Los mejores recipientes son los de barro cocido ya que son muy estables y permiten respirar a las raíces, pero no hay que descartar los de terracota, sin olvidar lavarlos si son nuevos. Los de plástico también son aptos, si bien tienen un menor tiempo de vida cuando son expuestos al sol. Los de madera pueden dar resultados estupendos siempre que estén tratados para que no se pudran.

Durante el periodo vegetativo regaremos a menudo pero con poca cantidad de agua. No debemos permitir que el agua se estanque bajo el tiesto a fin de no asfixiar las raíces profundas. En invierno, si los tiestos no permanecen al aire libre, comprobaremos que la tierra no esté apelmazada y seca. La mejor época para plantar frutales es durante su descanso vegetativo, entre octubre y noviembre. Los árboles deben ser de dos años, injertados en un portainjertos de crecimiento débil. Los trasplantaremos en primavera todos los años hasta que el contenedor mida 30 centímetros de diámetros. Después se hará cada 2 años, aumentando el diámetro 3-4 centímetros cada vez. Si no vamos a transplantar hay que renovar el sustrato superior.

La poda no solo debe aplicarse a las raíces, sino también a las partes aéreas de las plantas para estimular el crecimiento y la fuerza vegetativa. Los frutales de un año los recortaremos un tercio de su tamaño. Los brotes laterales que pudiera haber los dejaremos en 2-3 yemas. En los árboles de dos años, reducimos el brote central a unas 4 u 8 yemas del brote del año anterior. Los frutales enanos se contentan con una poda ocasiona, basta con suprimir alguna rama que desequilibre la forma general del arbusto.

Cuando compramos los frutales no presentan normalmente una forma regular determinada. Si lo deseamos, podemos darles una estructura rígida, por ejemplo piramidal o globosa, que son las que mejor se adaptan a los árboles en maceta. La primera se articula sobre un tronco bien vertical: distribuimos las ramas por pisos, las más largas cerca de la base y las más cortas, en la cima. Para la segunda, es suficiente dejar 4-5 ramas bien repartidas y regularmente espaciadas.