Funcionamiento de los tractores
Los tractores son vehículos especiales autopropulsados que se utilizan para empujar o arrastrar remolques, aperos o cualquier otra maquinaria o carga pesada que necesites utilizar en tu campo o jardín. Algunos están destinados a la agricultura, otros a la construcción y también al mantenimiento de espacios verdes. Tienen una gran capacidad para adherirse al terreno y con su uso se ha reducido la mano de obra empleada en el trabajo agrícola al igual que se ha hecho posible la mecanización de tareas de carga que antiguamente necesitaban del esfuerzo de animales como bueyes, asnos o mulas. Los tractores se dividen en varias partes:

– Chasis: es la parte del vehículo que sujeta los componentes mecánicos, la suspensión de las ruedas y el grupo motopropulsor.

– Motor: es la parte de la máquina gracias a la cual se pone en funcionamiento.

– Transmisión: incluye la caja de cambios, el embrague, el diferencial, las ruedas, los palieres o las tomas de fuerza.

– Polea: es una sencilla máquina que sirve para darle fuerza al tractor.

– Dirección: gracias a la cual puedes dirigir el vehículo hacia uno u otro lugar.

– Frenos: parte indispensable para poder parar el tractor cuando lo consideres necesario.

Los tractores agrícolas tienen uno o varios sistemas para poder utilizar aperos, aunque el habitual está en la parte posterior y tiene tres brazos donde se puede acoplar un arado, una picadora, segadora, abonadora o cualquier otra máquina agrícola. Para el accionamiento de algunas herramientas suelen llevar una toma de fuerza que consiste en un eje que es accionado por el motor del vehículo mediante una transmisión de engranajes.

Hoy en día todos los tractores están dotados de un sistema paralelo hidráulico con el elevador para poder suministrar un caudal de aceite a los aperos. Los primeros que aparecieron fueron tractores de vapor y se utilizaban a pares en 1890 para arar a la ida y a la vuelta utilizando un cable entre ambos.