hacer-injertos

El injerto es una técnica que sirve para multiplicar muchos frutales como ciruelos, melocotoneros, cerezos, manzanos o perales. Pero también resulta muy apropiado para rosales, árboles ornamentales e incluso cactus. No es una operación demasiado extendida entre los aficionados porque entraña algunas dificultades, pero siguiendo estos consejos se puede tener éxito. El mejor momento es antes y después de invierno, cuando la savia está en funcionamiento. Se trata de poner en contacto dos plantas afines, hasta que se suelden formando una sola.

Injertar es unir la raíz de una planta con la parte aérea de otra para constituir un solo ejemplar capaz de desarrollarse por sí mismo con las mejores características de sus progenitores. Consta de dos partes: la superior, que se llamará variedad o injerto, con buenas características estéticas o productivas, y la inferior, denominada portainjertos o patrón, que con sus fuertes raíces lo abastece.

En el injerto de yema la variedad está constituida sólo por una yema provista a veces de una porción de corteza y en algunos casos incluso de un trozo de madera. Para realizar este injerto, la yema ha de estar en estado latente, mientras que el patrón deberá estar en crecimiento activo. Entre los diferentes injertos de yema, el más usual es el de escudete, en el que se corta la corteza del patrón en forma de “T”. La yema del injerto se cortará insertando el filo de la navaja por la parte superior de ésta. Con el patrón y la yema preparados se introduce la yema entre la corteza y el leño del patrón, procurando que asome al exterior. Luego se ata la zona del injerto. Este tipo de injerto puede practicarse con rosas, cercis, catalpa, tilo, aligustre, malus, etc..

Los de púa o estaca son los injertos en los que la variedad está constituida por una estaquilla provista de una o más yemas. Conviene un patrón más grueso y avanzado que la púa e injertar. Se utiliza para árboles adultos por distintos motivos, cambiar de variedad para favorecer la producción y la polinización o restaurar partes dañadas de un árbol. Se realiza una hendidura sobre el patrón y en ella se incrusta la púa del injerto bien afilada. Es el sistema indicado para los árboles frutales.

El último tipo es el de aproximación, que es un injerto en el que tanto el patrón como la variedad permanecen enraizados mientras el injerto no se haya soldado. Una vez verificada su soldadura, la variedad se separa de sus raíces y el patrón de su tallo aéreo. Este injerto se utiliza cuando el patrón y la variedad manifiestan cierta incompatibilidad por el paso del tiempo desde la plantación. Sirve para glicinas, parras, clemátides, jazmines y otras especies trepadoras, de porche y de pérgola.