La propagación de plagas o enfermedades en los setos de Coníferas es muy sencilla, al cultivarse muy juntos y entrar en competencia entre sí. Cada tipo de hongo elige su zona para actuar. La Phytophtora (P. cinnamomi y cactorum) ataca la parte inferior, mientras que el Seiridium (S. cardinale) prefiere la superior. Pero las Coníferas también son propicias a hongos como la armilaria (A. mellea y tabescens) y el fusarium (F. oxysporum y solani), menos violentos pero muy perjudiciales.

La Phytophtora empieza en la raíces y a nivel del cuello de la planta. La corteza del sistema radicular presenta una coloración marrón oscura o negra y se desprende fácilmente. Después, por la escasez de agua y alimento, la zona superior se marchita y se seca hasta provocar la muerte del árbol y la propagación a otros ejemplares. El caldo de cultivo para que aparezca es un suelo muy húmedo o anegado, y carencia o exceso de alguna sustancia mineral. Pero también puede ser debido a heladas, lluvia y viento, o áfidos y pulgones, que propagan la enfermedad a través del pie de la planta.

El Seridium se deja notar en la parte aérea del árbol. Su agresión se produce por razones naturales, como grietas por frío, rozamientos entre ramas, picaduras de insectos, etc. y heridas de poda o roces de maquinaria. Las ramas son su primera víctima pero, si no detiene su avance, puede acabar con las copas y los troncos de los árboles. La corteza de las ramas, que adquiere un tono marrón-rojizo, se resquebraja, deforma y destila resina por unas pústulas negras que indican la fructificación del hongo. Después las hojas comienzan a amarillear y se extiende de forma vertiginosa a la copa, que se deseca hasta morir en las zonas con madera dañada.

Para prevenirlos debemos mejorar el drenaje, con lo cual disminuirá la humedad de la zona y reducirá las posibilidades de los ataques. No permitiremos que el agua de riego entre en contacto con el cuello de las plantas. Excavamos una zanja a 20-30 centímetros de los pies, aporcando estos con la tierra extraída para construir la zanja de riego; formará na tierra de nadie que dejará al aire gran número de raíces. Mantener nuestras plantas libres de otras plagas que pueden actuar como propagadores es fundamental, una planta sana es menos sensible a los ataque y tendrá menos vías de contagio.