Iluminar el jardín naturalmente
Podemos iluminar nuestro jardín sin necesidad de energía eléctrica, utilizando la solución más antigua para dar luz: con antorchas. Las antorchas tienen la ventaja de que pueden colocarse en cualquier sitio, ya que, como no necesitan del aporte de la electricidad, son totalmente independientes. Se clavan en el suelo y listo.

Hay antorchas de muchos tipos. Las más fáciles de encontrar son aquéllas cuya estructura es de bambú y que se alimentan de la combustión de parafina, aceite especial, alcohol para quemar… La propia “vela” es el recipiente donde se coloca la parafina: normalmente cabe un cuarto de litro de parafina y las botellas de parafina que se venden suelen ser de litro. Últimamente ha salido al mercado una mezcla de parafina y citronella, con lo cual, al tener ardiendo la antorcha, también evitamos que nos piquen los mosquitos. También se vende aceite de citronella sin parafina, preparado para quemar.

Aparte de las antorchas de bambú, las más comunes y económicas, también existen antorchas de metal: acero inoxidable, cobre… son más caras, pero duran muchos años y resisten perfectamente la acción del agua. También se venden antorchas que parecen farolillos, cerrados por todos los costados; éstas son especialmente útiles para soportar el viento sin apagarse.

Unas antorchas darán un aire especial, muy íntimo, al rincón del jardín donde las pongáis. La luz que proporcionan es natural y tenue; por ello es perfecta para iluminar el espacio donde tengamos situados cenadores, bancos, estanques o fuentes… También sirven para delimitar caminos en jardines grandes, permitiendo ver los senderos en la noche. Incluso hay mucha gente que las utiliza cuando van a la playa de noche en grupo: su luz frente al mar oscuro proporciona sensaciones muy especiales que nos invitan a la charla sosegada o a entonar canciones… ¡siempre que la autoridad en cuestión no nos ponga problemas!