Introducción a la jardinería ecológica
Mucho se ha hablado de la agricultura ecológica y hemos de congratularnos por el crecimiento de este sector. Pero se puede ir más allá: nuestro jardín también puede ser ecológico.

Los problemas que conlleva la jardinería tradicional son:

— Un consumo excesivo de agua, lo cual es especialmente grave en zonas, como la mediterránea, con graves problemas de sequías. Hay que tener en cuenta que algunas costumbres llevan a un uso abusivo del agua: tener los aspersores funcionando sin control más tiempo del debido, regar tras un día de lluvia, plantar césped en clima secos (algo que los municipios deberían tener muy en cuenta antes de autorizar la apertura de campos de golf)…

— Uso excesivo de pesticidas y herbicidas, que acaban con las especies a las que van destinados, pero que repercuten negativamente en el medio y en nuestra salud.

— Uso de fertilizantes químicos, en concreto los que se elaboran a base de nitratos y otras sustancias muy solubles que contaminan las aguas subterráneas.

La jardinería ecológica pretende eliminar los problemas antes mencionados planteando diversas soluciones:

— Hay que restringir el uso del agua, empleando la estrictamente necesaria. El riego por goteo es algo casi imposible en un jardín, pero podemos controlar el volumen de agua de otras formas, como por ejemplo, regando poco y más a menudo. Además, de esta forma las plantas prosperan mejor. También hay que evitar plantar especies que no son propias de nuestro clima, sino de otros más húmedos.

— Existen alternativas a los pesticidas y herbicidas industriales. Por ejemplo, si tenemos una plaga de pulgones, unas simpáticas mariquitas acabarán con ellos. Las mariquitas pueden adquirirse en algunas jardinerías.

— En lugar de usar abonos químicos, podemos fabricar compost nosotros mismos, o bien usar estiércol animal, que es el mejor abono que existe.