La hiedra, una trepadora para todo el año
Para dar sombra recubriendo estructuras metálicas o de madera, para tapar muros no muy bonitos, para recubrir terraplenes ayudando a fijar la tierra y evitando que caiga… o simple y llanamente para decorar. Las trepadoras de hoja perenne alegrarán nuestro jardín, proporcionando en verano un agradable frescor, sin olvidar las preciosas flores de algunas variedades. Y en invierno seguirán alegrándolo, lo cual es de agradecer en una época en la que muchas plantas y árboles pierden sus hojas, dejando el jardín muy desnudo.

La hiedra es la trepadora perenne protagonista, por lo vistosa que es, lo rápidamente que crece y los pocos cuidados que requiere.
Algunas de las variedades de hiedra más utilizadas son:
— La hiedra común o Hedera Helix, que es la que suele encontrarse en los bosques peninsulares. Sus hojas son verde oscuro. Es muy resistente: aguanta temperaturas bajo cero, aunque el verano no le gusta mucho y menos si está situada a pleno sol, en cuyo caso será conveniente regar las hojas a última hora de la tarde (para que el sol no las queme). Le gustan los suelos calizos.
Hay que revisar con periodicidad los muros que cubre, puesto que cuando la hiedra tiene muchos años los tallos son muy leñosos y fuertes; también pueden introducirse las ramitas en las rendijas del muro, agrietándolo, aunque he visto hiedras muy viejas cubriendo muros que, a pesar del tiempo que llevan tapados, aguantan en perfecto estado.
Se reproduce mediante esquejes que tengan raíces aéreas.

Hay otras variedades de hiedra:
— Hiedra canaria (o matizada) o Hedera canariensis. A diferencia de la hiedra común, ésta crece a pleno sol, pero no aguanta bien las bajas temperaturas; no en vano es originaria de África y de las islas Canarias.
— Hiedra de Persia o Hedera colchica. Destaca por sus enormes hojas, de un palmo de longitud, verdes o con zonas amarillas. Crece a pleno sol o en semi-sombra. Necesita menos agua que sus parientes. Como a la canaria, tampoco le gustan las heladas.