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Un jardín se disfruta también por la noche: se atraviesa para acceder a la casa, se puede desear admirarlo desde la ventana y se pasan muchos ratos en él durante el verano. La iluminación es por lo tanto muy importante, si es insuficiente, puede dar problemas y hacer que no se pueda disfrutar completamente; si es excesiva, lo hará similar a un campo de fútbol o a un parque. En la iluminación no podemos descuidar, aparte del aspecto funcional, el decorativo.

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El objetivo práctico de la iluminación es el de hacer que sea seguro moverse por los senderos y por las escaleras. No hace falta iluminar completamente el sendero de forma uniforme, porque puede resultar molesto y monótono. Será suficiente señalar algunos puntos, como el principio y el final, o las eventuales curvas y los tramos más problemáticos. En las escaleras no se dejan a oscuras los peldaños y las partes externas.

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Aunque se logre el objetivo de forma eficaz, la iluminación debería ser, de todos modos, discreta y respetuosa con la atmósfera natural. De hecho, no es necesario que sea intensa, sino más bien que esté correctamente distribuida. Cuanto más se aleja la fuente luminosa del suelo, menos se ilumina este. Por ello, es preferible utilizar lámparas bajas que pueden estar dotadas de luces no muy fuertes, sobre todo en las escaleras, y tener una altura de 40 ó 50 centímetros. El rayo luminoso debe dirigirse siempre hacia abajo, para que podamos ver sin dificultad dónde ponemos los pies.

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Una iluminación apropiada puede dar un nuevo valor a algunos elementos del jardín, tanto materiales como vegetales, introduciendo una nota muy sugestiva. No es necesario que se trate de cosas muy valiosas: un árbol común, un arco recubierto de rosas, incluso un chorro de agua, pueden resultar atractivos si se iluminan evidenciando formas y tamaños.

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La luz debe ser discreta, permitiendo que intuyamos las formas sin mostrar descaradamente el objeto y además ha de estar lo suficientemente oculta para que no destaque por encima del objeto iluminado.

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Para destacar el follaje ligero de un árbol usaremos una luz tenue que, colocado a nivel del suelo, lo ilumine desde abajo. Para una planta tupida y compacta, como las coníferas, usaremos dos o más luces laterales para que destaque en todas sus dimensiones. Los muros de piedra que tengan un mínimo de belleza han de iluminarse con luces rasantes, destacando las asperezas del relieve, jamás con luces frontales que achatarían las rugosidades. Hasta los árboles desnudos pueden ser convenientemente iluminados, creando atmósferas inquietantes que den un nuevo aire a nuestro jardín.