La poda del rosal
Los rosales son esos preciosos arbustos que nos regalan una de las flores más bellas representantes del amor y de la pasión: la rosa. Sin embargo, no cuidar adecuadamente a esta planta puede hacer que con el tiempo no obtengamos los resultados esperados.

Una de las tareas más importantes cuando cultivamos el rosal es la de la poda, que ayudará a redirigir su crecimiento y a que la planta se desarrolle perfectamente, pues necesita que la luz del sol llegue hasta el centro de la mata principal para estar sanas y saludables. El mejor momento para hacerlo es sin duda la primavera, cuando los rosales se encuentran en la cúspide, más floridos y densos que en el resto del año.

Además, también es importante podar los tallos y flores marchitas para evitar que la planta envíe los nutrientes que dispone a intentar revivir estas partes en vez de destinarlos a las nuevas flores que también lo necesitan para crecer.

Para empezar, debes conseguir una tijera adecuada para la poda de este ejemplar, lo que significa que tenga un tamaño suficiente para poder cortar perfectamente el tallo del rosal. Este utensilio debe estar limpio y desinfectado antes de pasar a la acción, pues podríamos contaminar algunas partes con los microorganismos de los tallos marchitos que hayamos cortado antes. Lo mejor para desinfectarlas es limpiarlas con un producto anti-bacterias o bien calentando al fuego las partes que hayan estado en contacto con esos tallos.

Para saber a qué altura deberás cortar cada tallo, fíjate en lo siguiente: en el extremo superior de la rama las hojas se presentan en grupos de cinco, mientras que en las inferiores lo hace con sólo tres. Debes realizar el corte por la unión de la última ramita de cinco hojas con el tallo para determinar la dirección que quieres que tome la nueva rama.