Aquellas plantas que son capaces de recubrir totalmente el suelo de manera frondosa son llamadas tapizantes. Por lo tanto no se trata de una categoría de plantas sino de especies de las que se explotan ciertas particularidades.

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Dependiendo del sistema de crecimiento que tiene la planta en cuestión, podemos distinguir distintos tipos de tapizantes:

Las que se ensanchan en forma de corona alrededor de una raíz central ( milenrama o el tomillo).

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Las que se extienden a través de estolones ( como el Hypericum calycinum).

Los arbustos que se desarrollan más a lo ancho que a lo alto, con ramas largas y caídas ( como el romero rastrero).

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Las trepadoras que aprovechan la posición horizontal para su desarrollo ( como la hiedra, clemátide y madreselva).

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Estas plantas suponen una interesante alternativa al pavimento o al césped, sobre todo en aquellas situaciones en las que es mejor descartar las otras. Zonas oscuras bajo árboles frondosos, lugares escarpados o de difícil acceso con el cortacésped, esquinas castigadas por el sol o el viento son ideales para ciertas tapizantes y nos permitirán mejorar la estética por un bajo coste.

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Si elegimos correctamente pueden servir como elemento corrector de deficiencias estéticas de otras plantas. En el caso de arbustos que tienden a perder sus hojas en la parte inferior nos permitirá disimular esta característica y en aquellas zonas de vegetación alta y oscura podremos aportar luminosidad con especies de follaje claro.

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Para cada tipo de zona existe una especie más apropiada pero en general hay unas normas básicas para obtener un recubrimiento espeso y homogéneo:

Trabajar el suelo y limpiarlo de hierbas antes de la plantación.

Dejar un espacio entre las plantas teniendo en cuenta su futuro desarrollo ya que algunas un exceso de densidad nos obligará a extraer algunas después de unos años y un defecto de plantas dejará a la vista lo que se pretende cubrir.

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Extraer sistemáticamente las malas hierbas hasta que las plantas hayan cubierto toda la zona, usando como sistema de ayuda una ligera capa de corteza de pino. Una vez plenamente desarrolladas impedirán el paso de la luz y la tarea de mantenimiento se reducirá al riego y la contención de su crecimiento en función de lo que deseemos.