Los jardines Zen
Los jardines Zen son espacios en armonía con la naturaleza, concebidos por la filosofía Zen como lugares para la meditación y la contemplación y no como lugares para disfrutar y pasear.

Entenderemos mejor un jardín Zen si sabemos cuál es la ideología en la que se basa. El budismo Zen es un camino y concepción de la vida. No es una religión ni una filosofía; no es una psicología ni una ciencia. Es un ejemplo de lo que en la India y en la China se conoce como un “camino de liberación”, y en este sentido es similar al Taoísmo y al Yoga. El Zen es una unión de tradiciones indias y chinas. Los orígenes del Zen tienen tanto de taoísta como de budista. Desde el siglo XII arraigó con mucha fuerza y espíritu creador en la cultura del Japón.

El budismo cree que el practicante debe pasar por grados progresivos de meditación. Pero el Zen afirma que existe un acceso directo al estado superior de meditación – el que precede inmediatamente a la experiencia del nirvana – sin necesidad de experimentar los anteriores. Ello se logra mediante vías de acceso espontáneas, ajenas a la racionalización de lo aprendido o a un perfeccionamiento espiritual progresivo. El Zen se basa en la intuición, la sencillez y la espontaneidad; sus jardines también se basan en estos principios.

Un jardín zen es una extensión no muy grande (de unos 10×30 metros como mucho) de arena rastrillada, con rocas situadas aquí y allá, cubiertas de musgos y líquenes y, si acaso, con alguna planta (pocas). Hay muchas teorías respecto a su simbología; parece que la más aceptable es la que interpreta que la arena representa el mar y las rocas las islas de Japón.

No son jardines que precisen de muchos cuidados, pues si los necesitaran carecerían de su sencillez intrínseca. Ha de parecer como si la mano del hombre casi no hubiera intervenido en él, como si fuera una playa que ha venido a situarse en otro lugar. Pero en la práctica sólo un artista de mucha sensibilidad y experiencia puede lograr este efecto. Los jardines Zen son siempre parcos en colores, porque rara vez tienen macizos de flores. Aunque no es simétrico, el jardín japonés tiene una forma que puede percibirse claramente. El hecho de cuidar un jardín Zen relaja mucho.

A los monjes zen también les gustaba cultivar jardines partiendo de elementos naturales ya existentes, como arreglar rocas y plantas a lo largo de la orilla de un arroyo.